Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Soy lectora diaria de mi amado periódico y me duele mucho el comentario que Marcos Peckel hizo a la columna de Salomón Kalmanovitz porque, en lugar de apaciguar el antisemitismo, lo fomenta. Entendemos que Peckel es representante del judaísmo en Colombia, pero no por eso debe criticar a otro judío respetable como es Salomón, quien fue muy claro en su columna al no unirse a la matazón que están llevando adelante Netanyahu y su Ejército, apoyado por la extrema derecha israelí y no todo el pueblo respalda porque Yuval Noah Harari, judío de pura cepa, quien vive en Israel, ha denunciado que no se siente representado por esas políticas que no son ni siquiera fieles a la Biblia, pues cuando se dice “ojo por ojo y diente por diente” es precisamente para inculcarle al pueblo que no vaya exagerar la venganza, sino que sea proporcionada a la ofensa recibida. De hecho, Salomón termina su columna con la frase: “30.000 muertos palestinos, muchos de ellos niños, desde el 7 de octubre. Esto multiplica por 25 la ley del talión que reza así: ojo por ojo, pie por pie”. Y además la titula en el impreso: “Israel me apesadumbra”. Y es lo mismo que le pasa a muchísima población mundial que oramos cotidianamente por la paz en el Medio Oriente, pues ha habido acuerdos con mucha sabiduría que no se pueden ejecutar por actitudes criminales como las de Netanyahu y sus seguidores.
Señor Peckel: ruego al buen Dios le dé mucha sabiduría para defender el amado pueblo israelí. Soy colombiana de pura cepa y no tengo ancestros judíos ni palestinos, soy teóloga y biblista de base, comprometida con los pueblos empobrecidos e impulsora de ecumenismo y diálogo interreligioso, por eso me dolió mucho su comentario del día de hoy, 12 de marzo. Confío en que en algún momento le lleguen estas cortas líneas, enviadas con amor y el deseo de que no haya más antisemitismo.
Amparo Beltrán Acosta, Bogotá
Hace un tiempo, una amiga cristiana o protestante me envió un mensaje por WhatsApp invitándome a orar por el pueblo de Israel. Yo le contesté que era comprensible porque Israel había sufrido un ataque terrorista, pero que también había lugar para orar por los palestinos. Casi ocho meses después del ataque de Hamás, el contraataque de Israel triplicó las víctimas, incluso acabando con las vidas de niños y destruyendo hospitales. Se puede decir que el contraataque de Israel está validando las afirmaciones del presidente Petro y parece una nueva representación de la toma de Jerusalén por Tito, pero más de 3.000 años después y con el Ejército israelí como actor principal. Netanyahu ignoró años de paz desde los Acuerdos de Camp David y ha favorecido a los extremistas y colonos de extrema derecha con una actitud torpe y cínica. ¿Y dónde está la comunidad internacional? Son espectadores cómplices de la masacre. Netanyahu puso fin a una paz que estaba funcionando, a pesar de sus fallos. Ahora solo queda orar para que no haya más muertes causadas por aquellos que actúan en nombre de Dios.
Rodolfo Vanegas
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com