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La verdadera política
¿Qué se requiere para lograr que Colombia estrene el ejercicio de la verdadera política en la gestión pública de todos los niveles del gobierno? ¿Cuándo tendremos gobernantes de la grandeza de una Angela Merkel o incluso de un José Mujica? En el ejercicio de la gobernanza en Colombia ha imperado la mezquindad. Se ha delinquido desde las propias entrañas de los gobiernos. Delincuencia con licencia. Y esos vejámenes han hecho carrera y la costumbre ya se hizo regla. La justicia es inoperante. Le ganó la impunidad.
Parece imposible acercar a las tendencias más opuestas para institucionalizar un consenso sobre lo conveniente para los colombianos. Se creía ese logro con la Constituyente del 91, pero no fue así… letra muerta, reformas de la Constitución para beneficio personal. El elector está desconectado, enajenado con festivales, carnavales, torneos de fútbol, verbenas, fiestas, tabaco y ron.
El hoy alcalde de Bogotá hizo un llamado cuando el estallido social: “Debemos hacer un mea culpa”, lo que cayó en oídos sordos.
Debe surgir una figura capaz de armonizar las tendencias en contienda. Un personaje que logre configurar un programa en el cual nos sintamos incluidos todos. Lograr el apoyo de representantes significativos de la gran mayoría de tendencias. Los del extremo de la derecha que aportan para mejorar las propuestas del extremo de la izquierda, y viceversa. Un hombre o una mujer de centro capaz de conciliar esos imposibles. Viendo lo que sucede entre Rusia y Ucrania, entre Israel y Hamás, se hace perentorio buscar estrategias, caminos, puntos de acuerdo. De lo contrario, el ejercicio del gobierno seguirá significando que quienes lo ejercen se beneficien para bien propio en detrimento de los intereses comunes. El actual Gobierno necesita centralizar su propuesta si quiere evitar una estrepitosa derrota en las presidenciales del 2026.
César Franco. Cali.
El problema de los hipopótamos
Como biólogo y consciente del desastroso efecto que causan estos animales al medio ambiente por ser foráneos y competir de manera peligrosa con nuestra fauna, además del alto peligro que significan para los humanos, lo más recomendable sería exportarlos a su hábitat natural y si esto no es posible o muy costoso se deberían eliminar de manera segura. No es posible que personas que no tienen idea del impacto que estos animales causan en nuestro ambiente estén dilatando este tema que ya hace mucho tiempo se salió de control.
Luis Barbosa.
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