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En mi opinión, la pregunta debería dirigirse en otra dirección. Sumergidos en un sistema político y social con un nivel de corrupción tan exagerado, creo que hay otros actores en esta cadena que se están subestimando y que tienen una gravísima responsabilidad en el bienestar colectivo de los ciudadanos y sus espacios públicos y privados.
Esto lo vimos en 2012 con la propuesta de Petro, y el castigo fue severo, cosa que hoy día ni se ha planteado —tejemanejes de nuestra política, asuntos de otro costal—. El hecho importante aquí es que como siempre los ciudadanos del común tachamos de falto de perspectiva, retrógrado, intransigentes, injusto, etc. al líder que tengamos en turno, y de igual forma menoscabamos la gestión de las empresas recolectoras y la labor de los recicladores…
Pero ¿qué pasa con nosotros, los ciudadanos del común? Creo que el problema no puede ser tan superficial como para enmarcarlo en una simple labor de recolección; implica una reflexión más profunda y una evaluación más personal. Esto de la “emergencia ambiental” más que mostrar la negligencia del alcalde, que no seré yo quien la juzgue, muestra nuestra falta de interés con el cuidado de nuestro planeta. En Colombia se está hablando de la recolección de residuos hace mucho rato y la clasificación de los mismos es tema viejo en escuelas, universidades, empresas, hospitales y programas de sensibilización ciudadana.
Y ante argumentos de inocencia, creo que no es que la ignorancia sea tal que nos imposibilite clasificar adecuadamente nuestros residuos, sencillamente nos hemos quedado en que, como tenemos poco o mucho para pagar a quien nos recoja el reguero, no se nos da la gana colocarlo como corresponde, no nos place hacer uso consciente de los recursos que tenemos en casa, y vemos esto de las basuras como otro lío que nos tiene que resolver el Gobierno. Esta mentalidad es una de las tantas hebras que nos encierran y nos estancan en una realidad cundida de miseria. Las basuras que hoy están aún sin recoger no son propiedad de la Alcaldía y podrían ser un negocio rentable para el que a bien tenga recogerlas, pero son “una muestra de nuestra cruda belleza”. Mucho de lo que se ve en las esquinas está mal acopiado, no se clasifica y ni siquiera deberíamos calificarlo como basura. La solución a corto plazo sigue siendo que nos recojan y nos escondan el reguero, pero la solución que debemos plantearnos es distinta: debemos concentrarnos en consumir menos, reutilizar lo que ya tenemos en casa y disponer adecuadamente aquello que ya nos estorba. Considero que la clave aquí es que abandonemos el consumismo, hagamos un rechazo con sentido y menos hipócrita a los polímeros y propongamos nuevos usos para los residuos compostables.
Ángela Manrique.
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