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En la edición del lunes 15 de julio, el señor Jorge Enrique Gómez, representante legal de Bricolsa, hace una aseveración que merece un breve análisis, pues denota error en su concepción técnica, solo comprensible por la ciega defensa de un producto letal, pero base de un negocio.
Afirmar que “la biopersistencia de este (se refiere al asbesto crisotilo) en el cuerpo es muy corta, o sea de ocho a doce días el cuerpo mismo tiene la capacidad de degradarlo”, es un error significativo. Hay efectivamente la posibilidad natural de retirar, luego de respirar aire que las contenga, un porcentaje significativo de fibras de asbesto mediante el moco de los bronquios y al llegar a la faringe deglutirlas o expulsarlas. Pero algunas fibras que hayan alcanzado el alvéolo pulmonar no van a ser expulsadas y facilitan el inicio del proceso de la lucha natural por retirarlas mediante el atrapamiento por las células encargadas de esta tarea: los macrófagos. Ellos destruyen lo que naturalmente puede ser degradado, pero no lo logran con el asbesto, que tiene como una de sus características claves la resistencia a los ácidos, la tensión y la fricción. El macrófago falla en esta tarea, explota y facilita la producción de cicatrices, al liberar sus enzimas que pretendieron destruir la fibra, y entonces se desencadena la cascada de fibrosis; otro macrófago toma la fibra y obtiene igual resultado. Esta secuencia es la fase inicial de un proceso que terminará en el cuadro clínico que es la asbestosis y luego, al migrar fibras por ductos linfáticos hacia la periferia, el mesotelioma (cáncer) pleural o peritoneal.
En conclusión, el organismo “no degrada” el asbesto. Este en un porcentaje permanecerá y producirá el cuadro en el pulmón del trabajador que lo haya respirado. Esto aparecerá en diferentes períodos: unos más temprano, otros más tarde; pero es ineludible.
Demandar la ley no variará este proceso natural, así lo diga el presidente de una junta directiva. Por otra parte, deberá estudiarse con total enfoque académico y científico a la población expuesta y esperar que el tiempo transcurra para que empiecen a aparecer los cuadros clínicos. Es posible que el señor Gómez y yo ya no estemos vivos para entonces, pues 20 a 50 años podrán transcurrir desde la exposición hasta la aparición del cuadro clínico que es hoy fatal y que quizá será de difícil manejo entonces.
Juan Vicente Conde-Sierra, médico del trabajo y miembro honorario de la Sociedad Colombiana de Medicina del Trabajo.
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