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Sobre la paz

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Recibimos una carta sobre el editorial del domingo pasado, «Deponer las armas».

Sobre la paz

Es completamente válido su editorial “Deponer las armas” (El Espectador, 26/06/16). Estoy de acuerdo con él haciendo unos ajustes importantes que no dejan de ser relevantes cuando se mira con un lente diferente.

Paz es sinónimo de justicia, no de rendición. Hay una gran diferencia entre hacer la paz y rendirse. Rendirse es cuando una de las partes da por terminada su acción bélica en razón del dominio de su enemigo.

Cuando no hay justicia, las personas la toman por mano propia, y en este argumento no puede haber discusión, eso lo sabemos todos. Cuando vemos que las personas, ladrones, secuestradores, asesinos, etc., no son castigados por la justicia en la medida en que las leyes lo demandan, entonces surge la justicia propia, y con ello la violencia.

Juan Manuel Santos ha tenido un propósito loable, y se ha esforzado por alcanzarlo, pero no lo ha sabido hacer.

¿Por qué no? Porque para alcanzar su propósito se rindió ante su enemigo. Le otorgó lo que nunca hubiera imaginado un combatiente que estaba destinado a la derrota y a la muerte. Le entregó, en el momento más debil de su existencia subversiva, la impunidad de sus hechos aterradores sin justicia alguna, mucho menos reparación.

Créanme cuando les digo que el tiempo nos dirá si esa estructura atroz del narcoterrorismo continuará con este tratado de paz de JMS. Que los enormes capitales conseguidos con la violencia extrema serán el soporte financiero para más violencia. Espero leer un editorial contando una historia diferente dándome la razón, y no es que me guste la guerra, absolutamente no, pero he sido víctima de ella, al igual que todos los colombianos. Lo que no cabe en mi mente es la irracionalidad del proceso actual, tapándome los ojos a una realidad que no requiere contarse porque la hemos vivido y vamos a vivir de nuevo.

Creo que estábamos a un paso de una paz verdadera y no faltaban sino un par de años a lo sumo, y en ese tiempo tendríamos unas, no una, guerrillas reincorporadas a nuestra vida diaria, a través de los indultos a sus desertores, pero con mano dura para sus ideólogos o lugartenientes. Rendidas las guerrillas, tendríamos por demostrado que la subversión no es una opción, pero ahora, el delinquir, y de gran manera, porque a los ladronzuelos les meten diez y 20 años de cárcel, paga, y si no funciona, para eso se inventaron los procesos de impunidad llamados “procesos de paz”.

Me gustó mucho su editorial porque trata el tema desde un ángulo totalmente válido, pero tenemos una realidad que no podemos esconder, mucho menos cuando un grupo importante de la población y de sus dirigentes están muy inconformes con la manera como se llevó a cabo la rendición, y con ello la claudicación del imperio de la ley.

Guillermo Rodriguez

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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