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Sobre un antieditorial

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Utopía es el apelativo que se aplica a la ley estatutaria de la salud que lleva ya siete años de aplazamiento, como lo señala Juan Mendoza Vega en el antieditorial “Salud, ética y ser humano”, publicado en El Espectador del lunes 12 de enero.

Por ser un tema de tanta importancia para toda la población colombiana, tomo la responsabilidad de comentar tan sesudo antieditorial, escrito por un brillante antiguo columnista de su periódico y una de las más brillantes mentes médicas de nuestro país.

La Ley 100 de 1993 no fue un plan equiparable a la esquizofrenia. Por el contrario, fue planeada y fríamente calculada y aceptada por políticos que recibieron y continúan recibiendo adoctrinamiento preciso del conglomerado de instituciones prestamistas y del Banco Mundial para presentarla ante los colombianos como una creación única en su género, y persisten en esa posición, a pesar de que se han puesto en frente de la sociedad la corrupción y el despilfarro, y por ende el sufrimiento de los usuarios de ese sistema que ellos ayudaron a importar y que inexorablemente mantendrán en América Latina.

Los médicos también, por su pasividad, son víctimas del sistema neoliberal responsable de la mercantilización de la salud.

Existe lucha por el derecho a la salud en América Latina, pero Colombia ha sido uno de los países más susceptibles a aceptar y acoger este sistema, y la lucha de algunos médicos y otros trabajadores de la salud ha sido bloqueada por los que aceptan las prebendas que ofrecen los “actores del sistema”, como los titula el autor del antieditorial al cual me refiero. La lucha por la salud en América Latina hace necesario que grupos tan importantes como deben ser los que están aglutinados en la Gran Junta Médica —de cuya existencia, y a pesar de ser médico, me entero por primera vez al leer el antieditorial en referencia— se empeñen en sensibilizar a la comunidad y a los médicos todos, incluyendo los retirados, pues muchísimos tenemos descendientes médicos cuyo presente y futuro también está en entredicho y son acusados de negligencia y amenazados en su integridad por los pacientes que creen que es el médico el causante de su falta de atención oportuna y no saben que son víctimas como ellos de la llamada “medicina gerenciada”.
Héctor A. Chamorro. Bogotá.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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