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No cabe duda de que el relevante editorial de El Espectador del pasado domingo 26, titulado «¿Venganza criminal?», representa una de las más claras y contundentes críticas a la perversa estrategia del expresidente Uribe de que la mejor defensa es el ataque.
Lo confirman las oportunas aclaraciones en cuanto a que las acusaciones de la Fiscalía, en los infamantes hechos de las chuzadas del DAS, los “subsidios” de Agro Ingreso Seguro y las falsas desmovilizaciones, no sólo están fundamentadas en las confesiones de los extraditados jefes del narcoparamilitarismo, sino en otro tipo de pruebas. Y, de igual modo, la incontrovertible verdad de que en Colombia existe la doble instancia.
Es más, el último párrafo de la postura editorial del diario no podría haber sido más concluyente: “… considerar que porque se investiga, y en algunos casos se acusa, existe una persecución, no es más que una palpable evasión de la justicia”.
Todo lo cual, y no es para menos, deja expuesto el patetismo del padre de la cacareada seguridad democrática.
De otra parte, y dada su coincidencial similitud, resulta pertinente traer a cita al exmagistrado Carlos Gaviria Díaz, quien en su columna de El Espectador del pasado sábado 25, titulada “Sócrates y el buen ciudadano”, y con el insuperable apoyo de los diálogos del gran maestro ateniense sobre la piedad, el deber y la valentía, no dudó en señalar, con envidiable sutileza, cómo la precariedad de la ética política de quienes han ostentado altísimos cargos de la Nación, les permitió traicionar la confianza de sus conciudadanos.
Ahora, y teniendo en cuenta la proximidad del reinicio de la lucha pacífica de nuestros jóvenes estudiantes por sus derechos a la educación, a la investigación y a la autonomía universitaria, es de esperar que este vergonzoso capítulo de la vida nacional les sirva de punto de reflexión, especialmente a quienes puedan estar soñando con regir los destinos de Colombia.
Ramón Francisco García. Ocaña.
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