Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Pese a que lo expresado por Alejandro Gaviria es recogido en una columna de opinión, su posición de académico choca con la ligereza con que acoge posiciones ideológicas y las presenta como evidencias, como en el caso de la columna del pasado domingo, en la que cita cierto artículo de tres economistas franceses, en el cual supuestamente se muestra la verdad de las caras del Estado de bienestar en Europa, apelando a alguna forma de superioridad nórdica frente a la inferioridad mediterránea.
Es falso que el Estado de bienestar sea “un lastre invencible para la prosperidad general” y que un Estado sea ineficiente por su tamaño, pues la misma prosperidad de los países nórdicos es prueba de su posibilidad. Es falso que el mayor gasto no haya mejorado la educación, la salud o la seguridad social. Con todo y la crisis, el ejemplo de España vale: la educación pública es casi gratuita y, a pesar de que aún no alcanza los niveles más altos de calidad, ha cambiado el país desde la ruralidad de los años 70 hasta los desarrollos tecnológicos actuales. La cobertura en salud es universal y eso ha incrementado la expectativa y la calidad de vida. Los transportes terrestres son del Estado y tienen una eficiencia envidiable. La seguridad social también ha impedido que la crisis lleve a la miseria a desempleados y jubilados. Se le olvida a Gaviria que la crisis no fue causada por los Estados de bienestar, sino por la desregulación de la banca, con la consecuente especulación financiera volcada a la creación inflada de valores inmobiliarios artificiales. Además, el problema más grave del mundo actual es la enorme brecha que se sigue incrementando entre grandes propietarios y desposeídos. Ese es el punto común entre las revueltas que han ocurrido en muchos lugares del mundo y la solución no está en reducir el tamaño de los estados. Hay recursos para que se pueda vivir dignamente, pero sin estados que limiten la voracidad de las grandes empresas y bancos no habrá solución a la crisis. Y para que se tranquilice Gaviria, ni siquiera hay que acabar con el capitalismo para llegar a ese resultado: es simplemente volverlo eficiente, seguir la receta nórdica, que no es la de la buena voluntad general, ni la de acabar con el Estado de bienestar, sino la de un Estado que regule y que impida la transferencia de riqueza de los más pobres a los más ricos.
Roberto Ávila. Madrid.
Fe de erratas
En el artículo “Del papel a la acción”, publicado el pasado domingo 20 de noviembre, se especificó que el grupo Ecobiot, encargado de la investigación sobre los drenajes de las minas, era de la Universidad Libre, cuando pertenece a la Universidad Central.