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Sobre una columna

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En El Espectador del domingo, Ramiro Bejarano publicó una columna titulada “Ambientalistas extremos”, la cual, además de ofensiva e irrespetuosa para con los que tenemos posiciones críticas respecto al modelo minero vigente, refleja las mismas opiniones que su esposa y abogada minera, Margarita Ricaurte, ha expresado en diferentes foros.

La columna contiene opiniones que ya han sido refutadas por estudios fundamentados sobre el sector y sus empresas, y cae en extremismos que ofenden a comunidades, organizaciones sociales, académicos, investigadores y congresistas, alentando el odio y la violencia en las zonas de influencia minera, y satanizando el derecho de los ciudadanos a defender lo público.

Frente a esto, no debe perderse de vista que la Corte Constitucional (Sentencia T-025/04) y recientemente el Tribunal Superior de Antioquia —Sala de Restitución de Tierras—, en el caso del resguardo del Alto Andágueda, reconocen expresamente que la minería es una causa subyacente del conflicto.

Es evidente en la columna de marras la frustración del autor por la no aprobación de las licencias ambientales a tres meses, trámite en su concepto inocuo y banal, y lamenta que la mitad del territorio nacional tenga restricciones para adelantar proyectos mineros, aunque desconoce los procedimientos para el establecimiento de las áreas protegidas. Aun así, de manera facilista e irresponsable, llama ambientalistas extremos a quienes tienen otras opiniones y los acusa del subdesarrollo y del desabastecimiento energético del país. A lo sumo, a los ambientalistas extremos se les puede acusar de solicitar al Estado que cumpla con sus fines esenciales, entre ellos el deber de proteger los ecosistemas estratégicos, como los páramos y humedales, ordenar ambientalmente el territorio, respetar los intereses locales, el derecho fundamental a la participación y requerir la aplicación del principio constitucional de precaución, como bien lo rescata el editorial de El Espectador del 27 de octubre, en el caso de São Paulo, Brasil, un estado rico a punto de quedarse sin agua.

Entendemos que los espacios editoriales deben utilizarse para que personas de diferentes vertientes ideológicas expongan sus puntos de vista, aporten al conocimiento y promuevan el debate abierto y respetuoso.

Lamentablemente, en el debate sobre la política minera y sus consecuencias sobre el medio ambiente, la economía y la sociedad intervienen algunos columnistas con intereses directos o indirectos en la industria minera y desde sus espacios se empeñan en desviar la atención de los temas fundamentales de discusión, a desinformar y a hacer creer que su interés particular es el mismo de los 48 millones de colombianos.

Luis Álvaro Pardo, Julio Fierro, Rodrigo E. Negrete, Fernando Vargas, Mauricio Cabrera y Guillermo Rudas. 

(Vea en este enlace la respuesta de Ramiro Bejarano a esta carta). 


Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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