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En una columna reciente de Gloria Arias, titulada “Carta abierta al presidente”, se evidencia el reconocimiento al esfuerzo del presidente de la República por transformar al país, hecho que ha conmovido a muchos de sus lectores. Sin embargo, si bien hace muchas observaciones positivas, también hay muchas recriminaciones y dos de ellas me llamaron poderosamente la atención.
Señora Arias, Jesucristo solo hay uno. No se le pude pedir al presidente Petro que ponga la otra mejilla. Yo no veo incoherencia alguna en evitar una encerrona humillante. En cambio, sí la veo en un gremio de industriales que no respalda a un presidente que quiere impulsar la industria nacional.
Por otra parte, considero que la verdadera injusticia está en difundir el infundio de una libertad de expresión amenazada por un poder autoritario, al mismo tiempo que se publican bulos y calumnias que impunemente se propagan como pólvora, afectando la honra y el buen nombre del presidente y la acción del Gobierno. Salvo la honrosa actuación de Cecilia Orozco —quien ejerce un periodismo independiente y veraz—, todos los medios, en mayor o menor medida, han caído en la difusión precipitada de la primicia falaz, aumentada pero no corregida (con consecuencias fatales, como el suicidio del coronel Sanabria).
¿Que Petro exagera? ¿Que Petro se victimiza?
Déjeme ponerle un solo ejemplo. Hasta el día de hoy el presidente Petro carga con el sambenito de ser el peor alcalde de Bogotá y el hecho “contundente” que lo ilustra es el caso de las basuras. Pues bien, el 17 de enero de 2014 —ya hace casi 10 años— El Espectador publicó la intervención de Emilio Tapia ante una magistrada del Tribunal Administrativo de Cundinamarca en la que confiesa que eso fue un complot (esa es la palabra que él mismo emplea) para tumbar a Petro y que si el caos no fue mayor se debió al plan de emergencia que desplegó el alcalde. ¿Cuántas personas leyeron esa noticia? ¿Cuántas la recuerdan? ¿Qué publicidad se le ha hecho a esta noticia? ¿Qué proporción se guarda entre la difusión del bulo y la difusión de la rectificación?
¿No es esto dañar la honra y el buen nombre? ¿No es esto desprestigiar la acción de un gobierno? ¿No llegan este daño y este desprestigio hasta nuestros días?
Comparto con usted la fe y el optimismo. Si queremos que todo salga bien, ayudemos al presidente a hacer su tarea. Lo que más necesita es apoyo. Solo contra todos no podrá.
Patricia Méndez M.
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