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Cada día que pasa es posible evidenciar en el entorno el lamentable pensar y actuar de las personas; a veces es tan sencillo como fijarse en cómo se expresan algunos o qué actitudes poseen frente a diversas situaciones.
Por ejemplo, en el preciso momento en el que me encuentro redactando esto en el aula de clases, tengo a mi alrededor a unas 40 personas: unos están simplemente conversando, con tono de voz moderado; hay un grupo considerable de compañeros que se encuentran charlando sobre temas futbolísticos, que no está mal, pero lo hacen con una actitud hostil o impulsiva, como si fueran perros ansiosos por salir a pasear; hay alguna compañera que está durmiendo, a lo mejor no durmió anoche y está cansada, no lo sé; también veo a algunos observándome por momentos, parecen extrañarse y murmuran; hay un par que siempre están jugando con el teléfono, esta no es la excepción; el profesor, que debería estar dando clases, se encuentra también con el teléfono en la mano, quiero pensar que está haciendo algo de utilidad o importancia, pena me daría que estuviese en Instagram o TikTok (es más, hace unos minutos estaba él hablándonos sobre la importancia de aprovechar todo tipo de oportunidad para prepararnos porque dentro de poco presentaremos las pruebas Saber… que cada quien saque su conclusión respecto a su actitud). Por último, estamos una compañera y yo, al parecer, aprovechando el tiempo que el profesor nos ha brindado (al final, la actitud del docente me permite redactar esto, así que no me molesta): yo he estado observando, analizando, anotando y escribiendo; ella está aparentemente estudiando, la veo tomando algunos apuntes y leyendo, parece hacer bien. Algo de lo que me he dado cuenta es que a veces caigo en comportamientos y actitudes que me llevan a desperdiciar mi tiempo, dichas actitudes pueden llegar a ser muy contagiosas, intento siempre evitarlo.
El caso es que de un grupo de 40 personas solo dos o tres nos encontramos realizando alguna actividad productiva, algo que para el futuro pueda ser útil. Ciertamente la gente necesita tiempo libre, tiempo de ocio, pero también hay que entender contextos: es el segundo día de clase luego de unas vacaciones de 10 días, venimos de no hacer nada más que descansar y ahora estamos en lo que se supone que es un espacio y tiempo designado para la formación y el estudio. Lo que me llena de intriga es que no sé cuántos son conscientes de todo lo que estoy planteando; quiero creer que somos pocos, porque de lo contrario significaría que muchos están haciendo mal sabiendo que lo realizado no es correcto, significaría que a muchos no les importa desperdiciar algo tan valioso como lo es el tiempo.
En definitiva, considero que el poseer tiempo libre es una bendición, una oportunidad enorme para salir adelante, me parece vergonzoso estar la mayor parte del tiempo usándolo para cosas banales, sin importancia. Invito a aprovechar cada momento para realizar labores de utilidad, eso sí, siempre intentando disfrutar y amar lo que sea que se haga.
Jesús David Anaya Gómez.
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