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Recordando al profesor Mockus, en el proceso del paro universitario de las universidades públicas de Colombia, además de los aportes económicos del Gobierno, sería útil y conveniente que ellas entraran en un proceso de autocalificación y se comprometieran a seguir y cumplir las siguientes normas:
1. No permitir que los políticos se tomen las instituciones como un fortín y las conviertan en una “agencia de empleo”.
2. No permitir las nóminas paralelas que tanto daño hacen, no solo en lo económico, sino en la duplicidad de funciones y en las múltiples instancias que se crean bajo este modelo.
3. Las compras y contratos de bienes y servicios deberán someterse a un estricto proceso que se distinga por su transparencia y escogencia de los proveedores más calificados, por la calidad de los servicios y productos, por la garantía de los servicios de mantenimiento prestados y por los precios justos cobrados.
4. Por ninguna causa se debe justificar que para el pago de las facturas se soliciten coimas. Las cuentas deben llevar un estricto orden, como en cualquier organización correcta.
5. Nunca se debe utilizar la nómina administrativa o docente para pagar servicios por concepto de votos.
6. Las comisiones de estudio deben obedecer estrictamente las necesidades de la institución y los programas que en ella se adelanten.
7. Las investigaciones que adelanten las universidades regionales deben tratar preferencialmente el planteamiento y la solución de los problemas de la región.
8. Los cargos de dirección deben ser ocupados por personas cuya formación académica corresponda al área respectiva.
9. Los programas académicos se deben revisar periódicamente, no solo para calificarlos, sino, de manera especial, para analizar su pertinencia y, si es del caso, cerrarlos si su demanda laboral lleva a un desempleo crónico.
10. La modernidad en el campo tecnológico debe ser una prioridad de las instituciones que están preparando profesionales para el presente siglo.
11. Analizar con estricto juicio:
(i) Los costos de formación en cada programa.
(ii) La pertinencia del programa.
(iii) La disponibilidad de recursos para desarrollar los programas con óptima calidad.
(iv) La ubicación de cada programa en el ranquin nacional.
(v) El desempeño de los egresados en su ejercicio profesional.
(vi) Incluir en todos los programas la ética como principio fundamental.
Estas y muchas otras observaciones son el comienzo para que las universidades públicas se comprometan a que su desempeño de formación profesional sea y deba ser un verdadero aporte para incrementar realmente el capital humano de nuestra sociedad.
Marco Fidel Rocha Rodríguez.
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