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Tres cartas sobre el enroque de funcionarios, la corrupción y una columna

Cartas de los lectores
15 de septiembre de 2021 – 10:00 p. m.

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Enroque perpetuo

Dos rasgos han caracterizado al Gobierno de Iván Duque. El primero, su enorme capacidad de ignorar la opinión pública, de despreciarla. (Dos ejemplos: Duque disfrazado de policía, visitando un CAI la noche misma en que Bogotá se convulsionaba por el asesinato, en otro CAI, de Javier Ordóñez; él no fue la única víctima de la policía entonces. El otro ejemplo: el nombramiento de Alberto Carrasquilla, el detonador del estallido social que recorrió el país a partir del 28 de abril pasado, como miembro de la Junta Directiva del Banco de la República).

El otro rasgo distintivo del actual Gobierno es la lealtad incondicional de Duque con sus servidores: el que falla es premiado, el incompetente es promovido. Sobran los ejemplos: Luis Guillermo Plata —sí, el mismo al que le gustan los escritores “neutrales”—, luego de su desastrosa gestión como gerente de la pandemia pasó a ser embajador en España; Nancy Patricia Gutiérrez fue nombrada, después de su fracaso en el Ministerio del Interior, en un cargo que, desde que ella lo ocupa, dejó de existir; como no sirvió en el Ministerio del Interior ni tampoco en el de Trabajo, Alicia Arango fue a dar a Ginebra como embajadora. Por eso, el país no debe preocuparse por la forma como se solucionará el escandaloso fracaso de la exministra Karen Abudinen en su cargo: seguramente ingresará en la ronda de los incompetentes promovidos y todo volverá a la normalidad. Me permito, al respecto, formular una modesta proposición: ¿por qué no nombrar a la dama que ya construyó dos casas en Providencia en su reemplazo, y enviar a la señora Abudinen a Providencia a reponerse del extenuante ajetreo de las últimas semanas?

Bernardo Correa.

Sartal de insultos de un iracundo

Me parece que El Espectador no se ha debido prestar para la publicación de un sartal de insultos graves e injurias como el que enhebró Esteban Carlos Mejía contra Álvaro Uribe en su columna del 28 de agosto. No hay argumentos. No hay reflexión. No hay pruebas. En lugar de sembrar convivencia o capacidad de análisis, siembra más veneno, estigmatización y odio.

María Dolores Jaramillo. Profesora titular, U. Nacional.

La corrupción

La contratación pública es la vena rota de la corrupción, pues se aceptan contratos con “uniones temporales” que no muestran ninguna experiencia y se contrata con empresas sin músculo financiero.

El resultado: incumplimientos y anticipos que se pierden en manos de corruptos “bien asesorados” por abogados pícaros.

Ramiro Restrepo U.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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