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Palos de ciego en política exterior
Ser canciller, de cualquier país, requiere tener unos conocimientos previos de las normativas globales que se integran a este oficio de la representación consular ante los entes internacionales y otras naciones, como es manejar las correlaciones exteriores con los demás países. Igual, este funcionario debe, se supone, tener unos asesores expertos en temas indistintos de las relaciones exteriores de nuestro país con las otras naciones. Ello nos haría respetables ante los demás países. Preocupa, y mucho, que la actual administración pública de este Gobierno impopular esté dando palos de ciego en materia de relaciones exteriores y que la misma cartera esté siendo manejada por gente inexperta, por funcionarios toderos, no especializados en los temas que deben gerenciar y administrar una Cancillería. Igual, se constata que estas son actuaciones irregulares de querer atravesarse como mula sin cabestro a unas decisiones puntuales de otros países, socios nuestros. Paradójicamente, esas posturas no consultadas nos muestran cómo es una nación administrada por personas no técnicas ni preparadas, sino por quienes hablan mucho y dicen poco. Es el caso de la canciller, que casi siempre va dando tumbos por donde pasa y camina solo con el ánimo de figurar.
Víctor Orielson León Parada
Sobre un editorial
Muy de acuerdo con el editorial titulado “Un buen giro en la política antidrogas”. Si el Gobierno hubiera cumplido con el Acuerdo Paz no estaríamos en esta situación tan caótica. No habrá paz en Colombia si no se arreglan los problemas de tierras y se fomenta el campo. No es posible que con la cantidad de tierras fértiles que tenemos estemos importando el 40 % de los alimentos que consumimos. Lo anterior prueba lo mal gobernados que hemos estado a lo largo de 200 años.
José Arias
Sobre la eutanasia de Martha Sepúlveda
¿No era necesario tanto sufrimiento? Creo que sí. Somos una nación de mojigatos que seguimos el curso de presiones instituidas con ideologías viejas y manidas. Nos autoflagelamos con el dolor ajeno, nos encanta ver sufrir a los demás. Dejar que una persona muera en paz aún no está en la cabeza de quienes pregonan esa sentencia.
Víctor Manuel Castro Castellar
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