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Una bella familia
Algunas de las reacciones más airadas al discurso de Sara Abril iban dirigidas, en realidad, hacia el origen socioeconómico de algunos de los estudiantes de primer semestre de la Universidad Nacional. Curiosamente, algunos asumieron como argumento el que muchos de los nuevos estudiantes de la Nacional y la misma Abril provinieran de colegios privados. Cayeron hondo en la falacia ad hominem: la de quien no ataca lo dicho sino a quien lo dice. El editorial del 31 de enero de El Espectador, “Mucho abucheo”, no fue menos equivocado.
Es posible imaginar el León de Greiff como la sala del hogar de una familia cuyos jóvenes son unas mentes brillantes. La casa, sin embargo no se encuentra en el mejor estado ni en los mejores predios. Aunque bella y grandiosa, la edificación está en una situación similar a la de ciertas viviendas de interés social de Colombia. Además, a la fecha en que el jefe del padre va de visita a la residencia, alguno de sus socios se prepara para tomar varios terrenos que habrían de corresponder a las generaciones venideras de los De Greiff.Sin embargo, la madre, alguien que llamaremos Gina de Greiff, se queda al fondo, callada y agradecida porque a algunos de sus hijos el jefe les ha dado cómo estudiar. No repara en que las becas que han utilizado sus hijos tienen un nombre que borda el insulto: “Pilos”, los llama, como se suele nombrar al oportunista y no al prolijo, y además les compromete el destino. A veces, la madre sueña con un ratón avispado que, tras ganarse muchos quesos, es un día capaz de huir y nunca más volver, o de volver como un héroe.El padre ignora que sus hijos respetan el nombre de la casa, sus muros, su espacio y el nombre de la familia hasta la raíz. Es que, ante todo, ellos son estudiantes. Participio del presente de estudiar; raíz, studeo: dedicarse con atención, realizar con entereza.
¿Realizarse? El amor y la gramática rondan la mente de algunos de aquellos jóvenes, y a veces ambos se unen, aunque a ambos padres aquello los tenga sin cuidado. ¿Quién es este impostor disfrazado de padre?
Sara de Greiff estalla entonces en una diatriba que ataca el orden de las acciones del jefe, que ya entró a la casa y ha visto su precariedad. No es idiota el jefe. Pero un tío, apenas espectador de la escena, se muestra preocupado porque Sara no señaló lo obvio. Aquel padre impostor insulta y llama verdulera a Sara en público, pero ante la indignación de las personas se inventa una definición imposible. Guardará la esperanza de que su tono impositivo cambie el significado de las palabras.Quizás a alguien se le ocurra que el autor del texto es egresado de la Nacional. No sobre decirle que no es ese el caso. Quizás no falte, con todo, quien haga uso del ad hominem u otra falacia para refutar este antieditorial. Como dicen las abuelas bien educadas: la ignorancia es atrevida.
Andrés Manrique Granados
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