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Recibimos una carta sobre dos columnas.
Dos mensajes excelentes
Las columnas dominicales (19-06-16) de Héctor Abad Faciolince (“¿Quiénes son los patriotas?”) y Alfredo Molano Bravo (“Volver a las andadas”) contienen verdades innegables, reales y precisas. Son columnas con mensajes reflexivos, positivos y esperanzadores que contribuyen a la construcción de paz para todos y, sin embargo, son críticas, pero también desprovistas de argumentos y conceptos tendenciosos. Son dos lecciones diferentes para contar lo que pasa en el país sin entrar en la retórica del pesimismo —que es tan fácil— y sin faltar a la ética de una información que mantenga a la ciudadanía alerta para afianzar todos los aspectos que fortalezcan el camino de un presente que, bien trabajado, nos asegurará, con el esfuerzo de unos y otros, un futuro sin la zozobra que embargó a nuestros padres, que se fueron para siempre con el dolor de dejarnos un país repleto de conflictos violentos.
Las jóvenes y nuevas generaciones de colombianos ya pueden contar a sus descendientes cómo el país empezó a transitar por los caminos del diálogo, hasta hace unos poquitos años impensable, imposible, utópico. No obstante, los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores de la Colombia de hoy, estamos a la espera de que estalle la paz y es necesario que nos llenemos de mucha energía y vitalidad, pero sobre todo de fe, para soportar las versiones acomodadas de un sector de la oposición —porque no son todos— que pasarán a la historia infame de Colombia como los enemigos de la paz por cuenta de intereses mezquinos. No sabemos si tienen conciencia de esa realidad.Es necesario resaltar que la comunidad internacional, como nunca antes lo había hecho, ha asumido una actitud de absoluto apoyo a este proceso, que también significa la paz y la seguridad de la región. La ONU está pendiente de todas las facetas de las conversaciones de La Habana y pone mucha atención a las denuncias que se hacen con relación a la restitución de tierras, entorpecida por mezquindad de un puñado de líderes negativos que arrastran a gente buena del gremio para colocarla en el bando que contradice todo lo que está al alcance para todos.
Los columnistas también tienen una responsabilidad en este tema. La manera como transmiten las expectativas de paz a los colombianos, juega un papel importante. Como lo explica Abad, “estamos llegando a límites muy peligrosos en el lenguaje incendiario”. ¿Qué hace cada medio de difusión colombiano para evitar este sinsentido?
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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