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Una réplica de Carlos Bernal y carta sobre el acceso a la información

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De Carlos Bernal

En relación con las publicaciones aparecidas en su periódico en días pasados, me permito informarles que, en lo transcurrido de 2022, desde que asumí como comisionado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, no he ejercido, así como tampoco ejerzo, ni ejerceré, ninguna actividad profesional para la Fiscalía General de la Nación ni para ninguna otra entidad pública.

Carlos Bernal Pulido.

Reflexiones para comenzar el año

En una sociedad tan convulsionada como la nuestra, hay dificultades para mirar con optimismo este 2022. Por largo tiempo, los teóricos de la prospectiva nos inculcaron el valor de la información como una forma de poder para actuar con el más alto grado de precisión. El conocimiento y la información se habían convertido en la clave para la toma de decisiones en grande, porque partían de la verdad, la honestidad y la transparencia, no de la imaginación ni de la suposición.

Sin embargo, con la globalización de internet, el acceso rápido a muchos espacios de la vida social, el acceso a la información y al conocimiento se convirtió en arma de varios filos peligrosos, pues con ese afán de estar informados y acceder al conocimiento en tiempo récord, muchos sectores de la sociedad comenzaron a desarrollar la capacidad de inventar y calumniar con alta dosis de cinismo para impresionar y de allí en adelante nos han ofrecido variedad de mentiras con verdades, calumnias con testimonios, hechos con invenciones, a tal punto que la basura se mezcló con la materia prima limpia, generándose toda una corriente de confusión, muy bien utilizada por algunos políticos en trance de ser elegidos y por empresarios ávidos de acumulación de riqueza y, obviamente, de poder.

“Cómo podemos reducir la cantidad de información con la que lidiamos en forma diaria, pero aumentar nuestro conocimiento y, en última instancia, nuestra sabiduría”, es la pregunta que hace la escritora turca Elif Shafak en su artículo publicado en la edición dominical de El Espectador (09/01/2022) cuando se refiere al exceso de información en que vivimos con una sobrecarga de tal magnitud que nos hacen creer que lo sabemos todo, cuando en realidad nos han atolondrado hasta llevarnos a la insensibilidad.

Aquí en Colombia, qué más da una masacre hoy y otra mañana cuando sueltan un titular e inmediatamente nos llevan a otros más escandalosos. Según lo afirma la mencionada escritora, finalmente se ha visto afectada la democracia porque mientras unos sectores, apoyados por la tecnología, lo dominan todo, existen muchísimos otros que no tienen voz y nadie escucha a nadie. Cada quien subido en el tren de la ambición por acumular y acumular. ¿Para qué? Si eso no garantiza la felicidad. El surgimiento de líderes mundiales, nacionales, regionales y locales con intenciones de atornillarse en los cargos de mando ha trastornado todo intento de solidaridad por la vida. Mucho cuidado ahora que nuestro país entra en un importante período electoral.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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