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Seguridad en el Catatumbo
Tuvieron que pasar 40 días para que el Gobierno reaccionara ante la cruda realidad del Catatumbo. Región azotada por la violencia exacerbada de los grupos ilegales Eln y Epl: asesinatos, desplazamientos, narcotráfico, contrabando, minería ilegal, secuestros, microtráfico y un paro armado en claro desafío al Estado. Estos vacíos de poder legal son los que les permiten a los violentos imponer su brutalidad; inclusive se convierten en la única opción de justicia y de orden, pues dirimen conflictos inter partes y fijan los horarios de locomoción y diversión, es decir, ejercen el dominio territorial.
Es precaria la movilidad estatal, faltan planeación, gestión y vocación de decidir en asuntos tan neurálgicos como la seguridad y la tranquilidad de los colombianos. Ante las debilidades estatales, los violentos se hacen fuertes por sustracción de materia. Es inconcebible que no se tengan planes de contingencia en materia de seguridad y orden público, que permitan atender oportunamente los problemas. Esta falencia arrastra impotencia, desesperanza, desorden y caos. Llegar tarde en asuntos de seguridad es arribar en el desastre.
La seguridad es territorio y en la persona, de la cual se deriva el uso, goce y expresión de las libertades y el ejercicio de los derechos sin más limitaciones que las impuestas por la ley, conlleva per se el desarrollo de los pueblos, porque un Estado de realidad material y psíquico que permite aflorar la tranquilidad en él imprime dinamismo en los diferentes renglones de la economía, pues atrae más inversión, más turismo, más empresa y por ende mayor ocupación de mano de obra, y en consecuencia más divisas y mayor poder adquisitivo per cápita, que en países con buenos estándares de seguridad sobrepasa los US$100. En suma, robustece la riqueza de los territorios y de las personas, lo que se refleja en una mejor calidad de vida. Apostémosle a la buena seguridad.
Édgar Guillermo Bejarano Chávez. El Triunfo.
Fe de erratas
En la edición del 25 de abril del 2018 de El Espectador cometimos un error en la sección “De labios para afuera”. Allí, atribuimos al expresidente Álvaro Uribe Vélez una frase sobre el exparamilitar Carlos Areiza. Sin embargo, no se trataba de una declaración directa del líder político, sino que estaba entre comillas y se atribuía, en su cuenta de Twitter, a “la comunidad”. Ofrecemos nuestras disculpas por la equivocación.
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