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Sorprende ver al doctor Fernando Londoño vivo, sentado en la biblioteca de su casa, de espaldas a sus cuadros y sus libros, dando entrevistas con las huellas de una violencia censurable.
Sorprende la claridad del recuerdo cuando se refiere a sus autores de cabecera que lo ilustraron en las bases del derecho. Pero sorprende más su deseo de que este país vuelva a estar en las manos del doctor Álvaro Uribe. Sus palabras lo presentan como un hombre providencial, iluminado entre los iluminados, que sí entendió y entiende el momento histórico, y que nos convocó a todos a pagar con gusto más impuestos para la seguridad y a ir a la guerra con fervor, convencidos de la verdad y siguiendo los pasos de Mambrú. Mambrú se fue a la guerra y no sé si volverá, no sé si volverá.
Sorprende su nostalgia por el doctor Álvaro Uribe, sabio entre los sabios y generoso; solamente le interesa servir a la patria sin obsesión de poder. Algunos vemos que el afán del doctor Uribe por volver no es sano y traspasa los límites. Las declaraciones del doctor Londoño sorprenden y llevan a pensar que los prohombres usan máscaras.
María Victoria Gómez. Bogotá.
Fenómeno antieconómico
Es de suma gravedad que el Estado colombiano no le haya puesto la seriedad debida al tema de la ingente cantidad de miles de millones de pesos que le deben las empresas promotoras de salud a clínicas y hospitales del país, por los servicios prestados a sus pacientes.
¿Cómo es eso que el Estado no se mueve a ponerle orden al flujo normal de pagos por servicios prestados? Si las IPS no reciben con la seriedad debida los pagos, pues estamos al frente de un fenómeno antieconómico: a todas luces repudiable, censurable y horroroso.
Si a las organizaciones no se les paga por los bienes y servicios vendidos, cómo hace la empresa para tener adecuada atmósfera de productividad y felicidad. Lo grave del asunto es que las EPS menosprecian las cuentas, queriendo además “barequiar” todos los servicios prestados: todo lo quieren regalado y barato. No les interesa la calidad del servicio para los seres humanos afiliados a las EPS. La salud no puede manejarse con ese descaro de la cesación de pagos por parte del comprador de sus bienes y servicios.
Es inexplicable que el Poder Ejecutivo del país como el Legislativo y el Judicial no preparen una “unidad de gestión de cobro coactivo” para marchitar de una vez por todas, semejante actitud de morosidad en los flujos económicos de pago por servicios prestados a las EPS.
No es honrado y serio lo que está sucediendo. Es abominable y ominoso.
Rogelio Vallejo O. Manizales.