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Una entrevista llena de vida

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Cuánta gente en Colombia con inmenso poder económico y político quisiera tener la autoridad moral del padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad (CV), una persona que inspira el mayor respeto en este país y a quien le ha tocado escuchar con infinita paciencia a las víctimas de la guerrilla y los paramilitares con historias desgarradoras e indescriptibles por el dolor sufrido, y también a una gama de personajes de toda calaña y pelambre con sus grandes mentiras y algún esbozo de sinceridad. A su edad, este personaje de fábula, a través de su ejercicio sacerdotal, que cumple con profunda convicción desde que en los albores de su juventud tomó la decisión de asumir el compromiso de la vida religiosa, está por encima del bien y del mal.

Una entrevista concedida a El País edición América (08/05/22) expresa sus profundos sentimientos sobre el trabajo del cual es responsable hasta que entregue el “Informe final de la Comisión de la Verdad”, en el mes de junio de este año. Promete ser un documento de impacto, como en su momento lo fue La violencia en Colombia, de monseñor Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña sobre la violencia bipartidista de los años 50. Quizá, como en aquellos aciagos años, cause escándalo porque tendrá que hacer revelaciones sorprendentes y entonces los ídolos de barro se derrumben para siempre. Y tal vez sobresalgan los verdaderos héroes. Diría desde ya que uno de ellos tendrá que ser el padre De Roux.

Me impresiona su manera de sintetizar lo que ha logrado vivir, ver y escuchar, no ahora que es presidente de la CV, sino desde sus inicios como sacerdote, cuando expresa que describe a Colombia como “un cuerpo que tiene el rostro destrozado en Machuca, que tiene el corazón roto en el Chocó, las piernas quemadas en El Salado, los brazos arrancados en el Magdalena Medio, el estómago y el hígado reventados en Nariño, la vagina destrozada en Tierralta, el espíritu y el alma del pueblo devastado en los indígenas del Vaupés y en los indígenas emberas. ¿Cómo es posible vivir tranquilamente como cuerpo cuando hay todo este dolor entre nosotros?”. Ese interrogante lo deberían hacer los actuales candidatos presidenciales alrededor de esa terrible realidad nacional. ¿Quiénes de ellos se han sentado a conversar con este ilustre personaje para formular sus propuestas a partir de ese escenario real? A varios de ellos los dominan sus propios intereses y a la mayoría les falta grandeza y les sobra soberbia. A pesar de todo, el padre Francisco de Roux nos llena de esperanza.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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