Una paz de papel

Cartas de los lectores
24 de septiembre de 2018 – 12:00 a. m.

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La paz se ha mancillado de tanto mencionarse. Se ha usado tanto para justificar la guerra como para terminarla, y ahora pareciese que se ha convertido en un calificativo para una posición política. La paz dejó de significar un estado de tranquilidad para ser el tópico más conflictivo de la agenda.

La muerte de los geólogos en Buriticá el pasado miércoles nos recuerda lo frágil que es. La paz reducida a un conflicto interno entre las Farc y el Gobierno es la que sigue remendando y abriendo viejas heridas. Es la que hace que aquel imaginario de no más muertos, guerras civiles, masacres ni desaparecidos se vea limitado a un deber ser más simbólico que instrumental. Y ahora nos llega esta noticia, vuelve a abrirse la cicatriz de una guerra que duró más de 50 años, la lucha por lo que llamamos paz se vuelve escéptica y se ve cada vez más interrumpida por una violencia maquiavélica, en la que las vidas de estos tres jóvenes fueron usadas como un medio para transmitir un mensaje del frente 36 de las Farc hacia el Gobierno: este es nuestro territorio.

El dolor y el rechazo se adhieren en los corazones de los más fieles promotores de los acuerdos como en los de sus contrincantes, porque en un discurso de paz no podemos justificar lo injustificable. ¿Cómo decirles a los familiares que estos tres jóvenes fueron asesinados durante su trabajo? ¿Cómo decirles que les hemos fallado? Y más importante aún: ¿cómo podemos reparar aquellas vidas perdidas? Dificultades como estas pueden desatar tanto una sed de venganza justiciera como una confirmación de terminar el conflicto; sin embargo, ambas posiciones podrían ser peligrosas.

Si adoptamos una posición vengativa no habría forma de romper el ciclo de armas, drogas y sangre; significaría querer acabar con la violencia por medios violentos. Si somos insistentes en que la paz justifica los medios, sólo tendríamos una paz a medias de 297 hojas de idearios, en las que las garantías de justicia, verdad, reparación y no repetición se vean restringidas al aval silencioso de la no denuncia. Por lo que, para evitar que nuestra paz sea una de papel, es necesario que confirmemos la necesidad de paz, pero asumamos un rol activo: condenar los actos que violentan nuestro imaginario y promover los que lo fomentan. Porque ser activo en la construcción de paz no significa justificar la muerte de estos jóvenes ni aceptar la atrocidad de la guerra, sino el deseo de acabarla. Y si bien la posición de paz de nuestro país no es neutral, sino conflictiva, llena de contradicciones y errores, sigue siendo mejor un mejor camino al horror de la guerra.

Sofía Ossa Zúñiga

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