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En su edición del miércoles 2 de abril insertaron dos páginas de publicidad de una marca de automóviles, en las que se llama al público a que “¡hagamos conejo!” (sí, con signos de admiración), con la reiteración de que “aprovechemos este papayazo”.
En la página que sigue se repite el mensaje, invitando al lector a que no pague la matrícula del vehículo. Por supuesto, el concesionario, se lee en letra menuda, pagará el valor de esa matrícula.
Lo que se evidencia aquí es que la publicidad ha decidido recurrir a los incentivos negativos o directamente delincuenciales (un libro, qué pereza, mejor una cerveza; o hagamos conejo, aproveche esa papaya) para promocionar sus productos. En un país como Colombia, donde es normal el CVY, el aprovechar el papayazo (que va desde robar recursos públicos hasta, como decía un muchacho que hace poco le “hizo conejo” a Transmilenio: “Yo vi la oportunidad de tener un pasaje gratis y la aproveché…”), que la publicidad recurra a estos recursos demuestra que la suerte de Colombia como sociedad está echada… Y que los medios de comunicación, como en este caso El Espectador, no tienen ningún inconveniente en hacer el juego a estas propuestas. Es claro que los medios necesitan de la publicidad para subsistir, pero, ¿a qué precio? Tanto medios como agencias deben tener algún principio de responsabilidad social.
Constanza Padilla R. Bogotá.
Error grave
En el artículo de “Buscan piel para Natalia” (El Espectador, 04/04/14) hay un error grave que debe aclararse. Yo no trabajo en la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar y no he intervenido a la paciente Natalia, como se da a entender con el párrafo: “Hicimos una cobertura inmediata con piel provisional para evitar que se sequen los tejidos y se profundice el daño”. Toda la atención de la paciente ha estado a cargo del equipo especializado de profesionales de la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar, liderado por la doctora Patricia Gutiérrez de Reyes, y las intervenciones quirúrgicas las ha realizado el doctor Jorge Luis Gaviria en compañía de otros cirujanos plásticos.
Soy directora del Banco de Piel de la Secretaría Distrital de Salud, que es la que distribuye la piel para los pacientes quemados en el país y en especial a la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar. Piel de la cual se han beneficiado cientos de pacientes, entre ellos Natalia. Y soy directora de la Fundación del Quemado, que se dedica a la rehabilitación integral de las secuelas producidas por la quemadura y realiza investigación y capacitación; es por ello que realizó, gracias a sus nexos con el Euro Skin Bank de Holanda, la adquisición de la piel (dermis) que será implantada en la nueva víctima de ácido.
Linda Guerrero S. Bogotá.
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