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Pedagogía del clientelismo: regalos que seducen, liderazgo sindical que se desdibuja

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Hace algunos meses, al pasar junto a una mesa en una institución educativa donde se realizaba una reunión de líderes sindicales preparando la celebración del Día del Maestro, experimenté un curioso encuentro. Sin apenas saludos preliminares, algunos de los presentes se aproximaron a mí con una pregunta que sonaba más a reclamo: “¿Usted, como candidato sindical, de qué manera nos va a apoyar en la celebración del Día del Maestro?”. Ante esta inesperada pregunta y procurando no parecer desconsiderado, les aseguré que revisaría la posibilidad, aunque era consciente de que mis recursos no lo permitían, ya que mis ingresos eran muy similares a los de mis compañeros. Sin embargo, de regreso a casa, me intrigó la insistencia de mis colegas y me cuestioné: ¿habrán olvidado las denuncias de corrupción sindical que he presentado en este municipio?, ¿no bastan las horas dedicadas a resolver problemas de los docentes?, ¿acaso no puedo ser considerado un buen líder sindical si no ofrezco regalos a mis compañeros?

En los últimos años, he observado cómo una preocupante práctica ha tomado fuerza en el ámbito sindical de la educación. Parece que la figura de integridad y servicio, que debería ser inherente a todo líder sindical, se ha desvanecido. En su lugar, de manera sutil y progresiva, las prácticas vulgares de la politiquería tradicional han contaminado las demandas sociales, arraigándose en nuestras organizaciones sindicales y dando lugar a líderes que solo buscan su propio beneficio, líderes sindicales clientelistas. A esto lo llamo la “pedagogía del clientelismo”.

Este fenómeno se manifiesta en la entrega sistemática de regalos económicos de algunos líderes sindicales a las bases de los sindicatos, convirtiendo esta práctica en una suerte de moneda de cambio para asegurar la lealtad y el apoyo de los docentes.

Para ejemplificar este accionar traigo a colación el “generoso” envío de $1 millón que realizó una líder sindical, perteneciente a la región del Pacífico colombiano, para la fiesta de los maestros del año 2023 del municipio en el cual laboro. Situación que, según su mensajero, con ansias de demostrar el “poderío y liderazgo” de aquella directiva sindical, se había repetido en otros 15 municipios del Valle del Cauca. Recuerdo que inmediatamente mi mente hizo algunos cálculos básicos y, conociendo los ingresos aproximados de esta líder sindical, me surgió la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que, con su nivel de ingresos, pueda realizar semejante cantidad de regalos?

Lo que en un principio podría parecer una muestra de solidaridad, agradecimiento y apoyo mutuo entre los líderes y las bases sindicales ha evolucionado para convertirse en una suerte de “cultura” en el ámbito del sindicato de los maestros, donde estos regalos económicos son no solo aceptados, sino incluso exigidos por ciertos sectores de las bases sindicales.

Esta situación plantea una serie de interrogantes sobre los valores que deberían regir la labor sindical de los docentes. ¿Debemos permitir que la educación, pilar fundamental de nuestra sociedad, se vea influenciada por prácticas que desdibujan la esencia y el propósito de la lucha sindical?

Cuando la “pedagogía del clientelismo” se instaura en las organizaciones sindicales, se corre el riesgo de desviar la atención de lo verdaderamente importante: el reclamo por el cumplimiento de las demandas sociales y la formación de las futuras generaciones de líderes sindicales.

El impacto de esta “cultura del regalo” en el sindicalismo es profundo y multifacético. Por un lado, genera una dinámica de dependencia y favores que puede socavar la independencia de pensamiento y acción de las bases sindicales de docentes. Por otro lado, distorsiona el sentido de comunidad educativa, al convertir la lealtad a un líder sindical en un factor determinante de favores y regalos económicos.

Para abordar este problema, es imperativo promover una reflexión profunda sobre los valores y principios que deben guiar la labor de un auténtico líder sindical y docente. La transparencia, la ética y el compromiso con la excelencia educativa y las demandas sociales de docentes y estudiantes deben prevalecer sobre cualquier otra consideración.

En última instancia, el reclamo de las demandas sociales es un derecho y una responsabilidad compartida por toda la sociedad, pero en especial por los docentes. No podemos permitir que intereses políticos o sindicales desvirtúen su propósito fundamental. Es hora de replantear la forma en que concebimos el liderazgo sindical y velar por líderes sindicales críticos, autocríticos y comprometidos con el bienestar de las organizaciones sindicales en su conjunto.

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