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Pensando en mi sobrino

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“NO HABLARON DE NOSOtros”, y al decir esa frase salió corriendo de la habitación como quien ve su ilusión rota, su sueño destruido.

Mi sobrino de  tan solo nueve años de edad esperaba algo que no vio en las noticias. Presuroso lo llamé y cuando regresó a la habitación le pregunté: ¿qué quería ver? Rápidamente me dijo: “No sacaron la noticia de Condoto”.
 
Me estremecí silencioso, mientras él regresaba a la sala a jugar con su hermanito. Otra vez en soledad, reflexioné sobre sus palabras, su deseo y  preocupación: no habían apartado en las noticias un espacio para hablar de su pueblo, su natal Condoto, que en la noche anterior (marzo 14)  había sufrido la inclemencia de la naturaleza, a causa de un vendaval que arrasó  los tejados de  casi el 80% de las casas de esa localidad, ubicada en el olvidado departamento del Chocó.  Más de 700 personas damnificadas, casi 300 familias a la intemperie, un muerto  y el sufrimiento de nativos, visitantes y  de todos los habitantes del Chocó, sus únicos dolientes.
 
Un frío intenso recorrió mi cuerpo,  mientras se erizaba mi piel al pensar en el dolor que, al igual que mi sobrino, estarían  pasando los que en Condoto estaban, los que sufrieron en carne propia esta calamidad.
 
Yo, a mis 26 años, acostumbrado al olvido que históricamente ha vivido mi departamento por parte de las entidades del Estado, entiendo el abandono y hasta he logrado acostumbrarme a la penosa situación de estar pero no contar, de pertenecer pero no importar, de tener pero no disfrutar. El problema grande es cómo explicarle a mi pequeño sobrino que,  a menos que sea un gran deportista o un excelente músico, no va a poder  hacer visible su región ante la sociedad colombiana, ante el Gobierno nacional, ante los medios que desinforman o informan a conveniencia los hechos del “país”. ¿Cómo le explico  que en este “país” unas ciudades importan más que otras, unas tragedias más que otras, y unas muertes más que otras? ¿Cómo haré para explicarle  que la ayuda para nosotros, los que acá en el Chocó vivimos, cuando llega, llega siempre  más tarde, con diez o 15 días de retraso, así como pasó con el incendio forestal de Unguía en marzo del 2014? Será porque las vías de acceso a nuestro departamento están un “poquitín malas”.
 
¿Qué palabras puedo usar para explicarle  que, acá en el Chocó, a los estudiantes los llaman “bandoleros” y los acusan  de vulnerar la privacidad? Y es que la verdad no creo que mi sobrino entienda el concepto de lo que es un “falso positivo”.
 
Aún más complicado me  resulta intentar explicarle el silencio gubernamental ante la situación de Juradó, un municipio del Chocó que está sufriendo la inclemencia del Océano Pacífico, que amenaza con desaparecerlo del mapa.  Incluso, no hay palabras para explicar situaciones menos mencionadas como la tala excesiva e indiscriminada de árboles en Bahía Solano o los desplazamientos forzosos de las comunidades indígenas del Alto Baudó.
 
Y es que la verdad no entiendo cómo yo, siendo un profesor de español, no encuentro palabras en este riquísimo idioma para explicar toda esta situación.
 
Al ver mi imposibilidad, callé mis reflexiones, dejé la televisión y me vine a jugar con mis sobrinos a ver si así hacemos tiempo mientras esperamos que el Gobierno nacional ponga aunque sea los binoculares en nuestro sufrido  Chocó.
 
 
*Víctor Manuel Rengifo Ibargüen
@vicoprez
@afropoeta
vicoprez@hotmail.com
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