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Lamentablemente, dos días después sucedió algo inesperado. Los dueños de la casa decidieron no venderla. No podía creerlo. ¡Esta era la casa de mis sueños! Desilusionada y triste pensé: “No voy a encontrar otra casa que me guste tanto como ésta”.
Un mes después de esta decepción me llegó una excelente oportunidad de empleo para transmitir mi propio programa de radio nacional desde Miami. Sin pensarlo, acepté y me mudé a la Ciudad del Sol. ¡Qué irónico! Si hubiera comprado aquella casa, hoy no estaría donde vivo. Es cierto que no tengo un jardín encantado, pero el sol, las palmeras y la vista al mar me hacen sentir en el paraíso. Hoy doy gracias a Dios por no ayudarme a comprar la supuesta casa de mis sueños.
Estas cosas suceden en la vida: deseamos algo ardientemente, pero no se nos da: un trabajo, un amor o una gran oportunidad que no podemos conseguir. En ese momento nos sentimos desilusionados o frustrados. Sin embargo, más tarde aparece algo mejor y nos damos cuenta de que lo que tanto queríamos no era lo que más nos convenía.
Todo en esta vida tiene un orden divino, las cosas suceden en el momento preciso, no antes ni después. Ten calma y no te desanimes. Dios conoce tu situación. Él sabe exactamente lo que necesitas y te va a llegar en el momento apropiado.
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