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Londres es gratis

EN ESTOS TIEMPOS DE ZOZOBRA económica habrá poca gente pensando en darse una vuelta por Londres. Es, según innumerables informes, la ciudad más cara del mundo. O la segunda, porque parece que Moscú le ha quitado recientemente ese dudoso honor.

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Y no hay duda de que Londres es una ciudad cara. Sólo hay que verles el dolor en los ojos a los turistas gringos cada vez que tienen que desembolsar casi cinco dólares para pagar un capuchino en Starbucks. ¡Cinco dólares! Los precios de Londres y la transformación del dólar en moneda tercermundista han convertido al turista gringo en una especie en vías de extinción en sus calles.

Pero los que vivimos en Londres sabemos cómo evadir las trampas que les tienden a los desapercibidos que se aventuran por las cercanías del Palacio de Buckingham, el Big Ben o la Torre de Londres. Como dice la canción, todavía hay cosas en la vida que son gratis, y en Londres hay unas en especial que se cuentan entre las mejores del mundo: los grandes museos y galerías de arte. Algunas de las colecciones de arte más importantes del mundo, en la National Gallery, la Tate Britain y Tate Modern; y las colecciones del Museo Británico, el Museo de Ciencia, el de Historia Natural, entre otros, están en Londres y son gratis. Mientras en Nueva York hay que pagar US$20 para entrar al MOMA, y en París hay que pagar para entrar al Pompidou, en Londres, disfrutar de la Tate Modern no cuesta nada.

Y lo mejor, para aquellos que somos padres, es que todas cuentan con programas de acceso para niños. Sólo hay que acercarse al mostrador de información y siempre aparece una aventura, un reto, una pregunta que exige respuesta. En los últimos meses mis hijas se han disfrazado de cortesanas Tudor en el National Portrait Gallery; han navegado río Nilo arriba en el Museo Británico y se han sentado a imitar el arte de Mark Rothko en la Tate Modern.

Y mis hijas son como un paz y salvo que me da licencia para hacer lo que me dé la gana en el museo. Porque, dígame usted, ¿cuándo fue la ultima vez que se sentó en el suelo frente a una obra de arte? ¿O se acostó en el suelo? ¿Y cuándo lo dejaron pasearse por una galería de arte con tijeras, pegante y papel de colores y ponerlos en un banco mientras hace una copia de una obra de Cezanne? ¿Y no le dijeron nada (incluso se sonrieron) cuando dejó pedacitos de papel por el suelo y pegante en los asientos?

Y de paso mis hijas me han transformado en una persona que observa el arte, en lugar de ser uno de esos autómatas que caminan durante horas por galerías y galerías y a la salida no se acuerdan de nada. Porque un niño no se aguanta más de una hora en un museo, y en la labor de copiar, contestar preguntas o buscar objetos escondidos, una hora se pasa rápido. A la salida, exhaustos, hemos tenido que observar con atención, que en últimas es la única forma de disfrutar.

Así que mi consejo es que si viene a Londres traiga a los hijos. Si no tiene hijos, pida unos prestados o alquílelos por ahí. Y luego dese un paseo por un museo y busque los programas para niños. Véngase en bus porque los niños viajan gratis en bus (y en metro también). Y recuerde: traiga un picnic porque la comida de museo es mala y cara. Al final del día se habrá gastado un par de libras en billetes de bus y otras más en comprar helados de postre. Y no habrá multimillonario europeo ni banquero suburbano con hijos más felices.

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