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Los Pulitzer

Juan Carlos Gómez
07 de noviembre de 2010 – 09:32 p. m.

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La noche del 15 de febrero de 1898 el acorazado Maine de la marina de los Estados Unidos explotó en el puerto de La Habana y causó la muerte a cerca de 300 miembros de su tripulación.

La tragedia ocurrió en plena guerra de independencia de Cuba contra el dominio español. Los intereses económicos y políticos de Estados Unidos estuvieron desde el principio a favor de esa causa; en su papel de nueva potencia mundial ello le permitía a los norteamericanos expandir su área de influencia.

La explosión fue el antecedente directo para la definitiva intervención de Estados Unidos en la isla y el inicio de la guerra de este país con España. Esta contienda en la que los ibéricos perdieron sus últimas posesiones coloniales en Puerto Rico y Filipinas, significó el ocaso de su imperio de cuatro siglos.

Según nos cuenta Hugh Thomas en su extensa y profunda obra sobre la historia de Cuba, la causa más probable de la explosión del Maine fue un defecto en la pólvora de los cañones del barco, lo que descartaría que la explosión hubiera provenido de un ataque terrorista provocado por los españoles.

Sin embargo, este incidente del Maine sirvió para justificar la invasión norteamericana a Cuba con la disculpa de salvarla del dominio español. Durante años la prensa amarillista de Estados Unidos venía abogando por la intervención en la isla. Los empresarios William Hearst y Joseph Pulitzer disputaban una fiera competencia por la circulación de los periódicos y sus medios no tuvieron ningún pudor en mentir sobre la realidad de la guerra de los isleños por su independencia de España y estimular la invasión, con tal de vender más ejemplares. Cuenta Thomas que muchos de los corresponsales de los periódicos norteamericanos se inventaban las noticias de la guerra de independencia desde los bares de La Habana.

Pulitzer es el mismo multimillonario húngaro que financió la creación de la prestigiosa escuela de periodismo de la Universidad de Columbia y el establecimiento de los respetadísimos premios que esa misma universidad otorga anualmente desde 1917 en varias categorías del periodismo, la literatura y las artes; gracias a eso lo perdonó la historia.

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