México y Colombia: ¿Triunfo del cambio o supervivencia del sistema?

Los acontecimientos políticos, como cualquier asunto humano, tienen siempre más de una lectura. Ya se sabe: todo es cuestión del color del cristal con que se mira. En este sentido, las recientes elecciones presidenciales en dos de los países más importantes de Latinoamérica, Colombia y   México, pueden entenderse en claves diversas. Hay quien diría que hemos visto una renovación, el nacimiento de una esperanza para las dos naciones. Hay quien diría, de manera más pesimista, que todo cambió para seguir igual. ¿Cuál es la lectura correcta? Ambas. Veamos.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

México, primero de julio de 2018. En una elección muy polarizada, en la que la rabia por la corrupción del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y el deseo de cambio fueron protagonistas, la izquierda ganaba por primera vez en la historia del país. Fue una elección presidencial con un resultado tan contundente, que fue bautizada como un “tsunami”.

El ganador, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), con su coalición ’Juntos Haremos Historia’ (MORENA, PT, PES), obtuvo 30 millones de votos, más del 53 % del total de los sufragios emitidos. El segundo lugar, Ricardo Anaya de la coalición ‘Por México al Frente’ (PAN, PRD, MC), que aglutinaba partidos de la derecha y la izquierda, alcanzó más de 12 millones y medio de votos, es decir el 22%. Nada menos que una diferencia, entre primero y segundo lugar, de 17.5 millones de votos, equivalente al 35% de la población colombiana. En efecto, una ola gigantesca, un tsunami. Por su parte, el actual partido en el poder, el histórico PRI, se hundía en un muy lejano tercer lugar.

Dos semanas antes, en Colombia, Iván Duque, abanderado de la derecha, vencía al izquierdista Gustavo Petro, quien nunca pudo desprenderse la etiqueta de radical. Si la elección de 2014 giró en torno a la paz versus la guerra, a la negociación versus el combate tradicional, la de 2018 se trató de un país completamente polarizado entre el poder dado por Santos a la propuesta “castrochavista” (como la bautizó el uribismo), y una propuesta que ofreció revisar el Acuerdo de Paz garantizando justicia y no impunidad.

Así pues, mientras en México la izquierda llegaba al poder, en Colombia la derecha regresaba al mismo. ¿Qué significado tiene para el futuro de la democracia en Latinoamérica que hoy tengamos dos nuevos gobiernos en los extremos del espectro ideológico?, ¿el subcontinente se está polarizando?, ¿es parte de una tendencia global?, ¿la población es cada vez más crítica con los gobiernos en funciones y vota por quien le ofrece la oferta de cambio más radical? Todos son factores a considerar.

Sin embargo, como dijimos líneas arriba, es posible hacer otra lectura de las cosas. ¿Y si pensáramos que en ambos países no fue el cambio lo que ganó, sino la permanencia del sistema? Hay analistas que argumentan que esto es lo que en verdad ocurrió en México. Los grandes intereses, pero sobre todo el presidente Peña Nieto, habrían pactado con López Obrador. No obstaculizarían su llegada al poder a cambio de impunidad a los grandes actos de corrupción. Para lograrlo, había que desactivar a quien podría evitarlo: Ricardo Anaya. No podemos saber si esto fue cierto, pero hubo dos cosas muy reales.

Primero, una feroz campaña de desprestigio contra Anaya, mediante el uso faccioso de las instituciones para atacar a un enemigo político con acusaciones, aún no probadas, de lavado de dinero. Los medios de comunicación hicieron eco de esto. Segundo, mientras que Anaya aseguró con toda claridad que investigaría los actos de corrupción de Peña Nieto, López Obrador fue suavizando su discurso, hasta otorgar un perdón anticipado. Un borrón y cuenta nueva. Justo antes de esta campaña negativa, Ricardo Anaya se encontraba a solo 5 puntos de AMLO, y crecía. La diferencia final fue más de 30 puntos entre ambos. Definitivamente, el candidato que podría haber arrebatado la bandera del verdadero cambio a AMLO resultó afectado. López Obrador se convirtió así en un anticuerpo en el que el sistema pudo sobrevivir.

En Colombia, el cambio o la continuidad era la gran pregunta para el electorado, en particular sobre el tema de cuál era la estrategia adecuada para abordar el proceso de paz. Dada la naturaleza conservadora de la opción ganadora, es previsible que los cambios sean limitados. Petro representaba un cambio de 180 grados y una amenaza a la estabilidad. De alguna manera, aquí también tenemos la supervivencia del sistema.

En ambos países la elección 2018 demostró la necesidad del electorado de elegir extremos que garantizaran cambio o continuidad, pero no puntos intermedios, no opciones de centro. Sólo los hechos de López Obrador y Duque acreditarán su compromiso con el cambio o la continuidad de los factores de poder. Por el bien de Latinoamérica, esperemos que, sea cambio o continuidad, haya más y no menos democracia.

*   Estratega Político Mexicano

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido