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Molano: llover sobre mojado

31 de enero de 2009 – 10:00 p. m.

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Alfredo Molano, en su artículo “La socia Mandé Norte” (El Espectador, enero 25, 2009), al exponer sus críticas al proyecto de explotación minera en el municipio chocoano de Carmen del Darién, se va lanza en ristre contra la carretera colombo-panameña cuando afirma:

“un pueblo hermano (Panamá) que les tiene miedo a los colombianos y por eso no ve con simpatía la construcción de la autopista que proyecta Uribe a través del llamado Tapón del Darién, territorio paramilitar”. ¿Y de la guerrilla, los narcotraficantes y la delincuencia común?

Molano hace eco a las posturas xenofóbicas de algunos sectores políticos, gremiales y ambientales panameños, liderados en su mayoría por propietarios de extensos hatos ganaderos, inversionistas que tanto critica el autor en Colombia.

Un asunto que ha entrado al terreno de las especulaciones y está siendo utilizado como artillería de la demagogia política y del falso nacionalismo de algunos políticos y de agremiaciones para ganar adherentes. Posturas alimentadas por infundados imaginarios de unos líderes panameños que silenciosamente venden la desfachatez de que detrás de la apertura de una vía se fragua la reconquista colombiana del territorio panameño.

El antiuribismo y la postura monotemática acerca del paramilitarismo y el Tapón del Darién han llevado a Molano a atribuirle el proyecto de carretera al presidente Uribe, cuando la construcción de dicha carretera es un sueño continental desde hace muchas décadas. El Darién es sin duda una de las regiones más estratégicas, tanto de Colombia como de Panamá. De hecho, uno de los territorios más míticos y utópicos del mundo y, por ende, de un invaluable valor geopolítico, geoestratégico, en términos de riqueza biológica en el ámbito internacional. Ambos países tienen en común que las dos divisiones políticas limítrofes: el Chocó y la provincia del Darién, poseen los niveles de desarrollo más bajos de las dos naciones. Territorios fronterizos que detentan otras analogías, como las de ser las regiones con los más altos índices de pobreza y abandono y, desde luego, con grandes deficiencias en educación, salud, saneamiento básico e infraestructura vial.

Sus aislamientos se han convertido en los peores escollos para sus óptimas integraciones con los principales centros de producción y consumo de sus respectivos países y de los mercados internacionales.

La conexión vial entre Colombia y Panamá servirá para aumentar los niveles de seguridad, impulsar el desarrollo y la integración de los pueblos, porque la presencia de los Estados ha sido casi que reemplazada por los grupos ilegales que han convertido la franja limítrofe en un santuario para traficar con armas, drogas e indocumentados.

Por la falta de una vía se tiene desaprovechado el inmenso potencial turístico que poseen ambas naciones en la zona, dado que con una carretera se puede estructurar un eje de ecoturismo binacional entre el Canal de Panamá, los parques naturales del Darién y los Katíos, los humedales del Atrato y Cartagena.

Igualmente, mediante acuerdos de cooperación entre universidades colombo-panameñas se pueden convertir los parques naturales en importantes centros de investigaciones internacionales de la biodiversidad. Esa es la manera de colocar realmente estos patrimonios biológicos al servicio de la ciencia y la humanidad.

Es claro que la carretera se debe construir respetando las normatividades ambientales y, además, es importante la adopción de políticas binacionales que permitan una mayor protección y preservación del medio ambiente.

 José E. Mosquera.  Bogotá.

“Aumenta la cuota uribista”

Aumentó la cuota derechista (uribista) en El Espectador. Ahora, fuera del furibundo Don Ernesto, tenemos al circunspecto Mauricio Botero, quien trata a Fidel Castro de persona insignificante y descalifica, como también lo hizo el superintelectual Don Alejandro Gaviria, a William Ospina por su brillante artículo en conmemoración de los 50 años de la revolución cubana.

Se pregunta uno: ¿quién será significante para Don Mauricio? Así como gustaríamos preguntarle cuáles son sus parámetros para medir el atraso, sobre todo desde la perspectiva colombiana, en donde está probado que el 60% de la población vive en la pobreza y más de un tercio de la misma en la miseria y el hambre. El tercer hombre de la derecha de reciente aparición es Don Miguel Gómez, quien se lamenta de que columnistas, como ONG, no estén celebrando ruidosamente la disminución —según él— de los homicidios y la violencia en general, según sus serios análisis estadísticos, que nos prueban que hoy estamos más seguros gracias a la política de seguridad de su Mesías. Él dice sentirse muy seguro. Sus lectores, quizá no tanto. Quién sabe en qué país se sentirá viviendo Don Miguel, pues la realidad vista en los medios un día sí y otro también, es que la violencia de todo género está en su mejor apogeo y particularmente la violencia urbana delincuencial común. Horroriza conocer, por ejemplo, informaciones sobre atroces crímenes, como los ocurridos en Cali, Buga y otras localidades. En cuanto al “triunfo” que diariamente proclama el Gobierno sobre los violentos, comprueba más bien que ésta, la violencia, es una bandera y una necesidad bien aprovechada para sacarle partido, manteniendo la paranoia colectiva y el cerval temor de las buenas gentes, que proyectan el subliminal mensaje de que es necesaria la reelección, porque si no es él, ¿quién podrá defendernos? El escepticismo que nos embarga a muchos, nos hace dudar, ante tanta bomba y atentados terroristas, conociendo ya los reiterativos “falsos positivos”, acerca de la autoría de los mismos, que nuestra malicia indígena nos hace pensar en una contribución al sustento y mantenimiento de tal paranoia.

 Luis Ernesto Castañeda. Cali.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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