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Nadie con mediana educación puede negar que el principal problema del país radica a la fecha en la apreciación del peso colombiano, la cual ha sido arrastrada por la caída del dólar en los mercados internacionales y por la gran afluencia de dólares que nos llegan de origen tanto honesto como provenientes del narcotráfico.
Ante este problema mayúsculo, las autoridades monetarias colombianas habían siempre y siguen reaccionado en forma tímida y tardía. Tan sólo recientemente tomaron éstas la senda correcta al comenzar a preparar la economía con encajes más elevados para poder emitir pesos para comprar dólares. Al comenzar a reducir gastos con la esperanza de llegar a ejecutar los presupuestos con un superávit fiscal primario no inferior al 3 por ciento del PIB.
El senador Gabriel Zapata ha propuesto, para complementar lo anterior, “pensar en la posibilidad, obviamente bajo los controles de las autoridades monetarias, en que no se moneticen todos los dólares que ingresan al país por inversiones extranjeras o por exportaciones, sino que más bien exista la posibilidad de que los empresarios puedan abrir cuentas corrientes y de ahorros en dólares o que puedan pagar los impuestos y algunas deudas en esas monedas”.
Buena y oportuna idea. No se trata de una dolarización total como la han presentado algunos gremios que pretenden desviar el debate con razones oscuras, ni algunos analistas de grupos privados de investigación, utilizando el arsenal inadecuado de los que se oponen a la dolarización total. Tampoco se trata de semidolarizar como en Perú. En Perú circulan los pesos y los dólares por doquiera en forma paralela.
No, la propuesta de Zapata se circunscribe a complementar las medidas recientes de las autoridades monetarias, recogiendo dólares, evitando que se oferten en la Bolsa de Valores, para que no se desplome el precio del dólar por culpa de la abundancia de la oferta. La propuesta de Zapata es prudente, puede ser conveniente, encaja con las necesidades del empleo y la producción del país y no pasaría de ser como una cuasi semidolarización. Chile también ha contenido el arribo de los dólares provenientes de las exportaciones de cobre en los bancos extranjeros, y eso no quiere decir que Chile se encuentre semidolarizada.
Algún hablantinoso investigador afirmaba, por ejemplo, que en una dolarización habría que seguir la directriz de la Reserva Federal de los Estados Unidos, la FED”. Arsenal inadecuado. En círculos académicos y políticos estadounidenses se acepta en la actualidad que Colombia participe o comparta los beneficios del “señoreaje”, es decir, que Colombia reciba parte de los dólares provenientes de las emisiones de la FED.
Más aún, que el Tío Sam también nos facilitarían créditos baratos en dólares para reactivar nuestra economía tras una recesión. Ellos prefieren ceder y dolarizar en Latinoamérica, antes que ver una moneda liderada por Brasil. No olvidemos que en pocos años tan sólo funcionarán en el mundo unas pocas monedas. Esto resulta ser indispensable para que la globalización de los mercados no prosiga acunando las competencias desleales que la caracterizan hoy.