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Nubarrones para 2009

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El pronóstico de la Cepal, con su exiguo 2 por ciento de crecimiento de la economía colombiana en 2009, no se le atribuirá solamente a la recesión mundial, sino que se inculparán, así mismo, a la imprevisión y a las improvisaciones de nuestras autoridades monetarias, esto es, al Ministerio de Hacienda y a la Junta Directiva del Banco de la República.

El gobierno de la "seguridad democrática" pasará a la historia como uno de nuestros más destacados períodos por muchos motivos. Así y todo, lamento reconocer que nuestras grandes reformas económicas no se realizaron por culpa de la politiquería.

Con el absurdo e inflexible proceso presupuestal se inician nuestros desastres económicos. Prosigue luego el sistema tributario repleto de exenciones y de caprichos antitécnicos. Y se termina con la carencia de un sistema adecuado para financiar las obras de infraestructura.

El señor ministro de Hacienda, señor Óscar Iván Zuluaga, reconoció en un debate auspiciado por Fedesarollo y el Instituto de Ciencia Política que no ha ahorrado recursos para poder ejecutar el Presupuesto de 2009. Que los ingresos serán inferiores a los egresos. No bastarán: los recaudos tributarios; ni el crédito externo privado; ni el acordado con la banca multilateral; ni los ingresos por privatizaciones; ni las cuantiosas emisiones de TES. Triste y preocupante realidad.

El señor gerente del Banco de La República, señor J. Darío Uribe, se encierra en una jaula de cristal con los miembros de su controvertida Junta y poco le aclaran al país sobre sus inexplicables medidas. Pero insisten éstos, entre tanto, en mantener unas tasas de interés elevadísimas, superiores al 9 por ciento por año, con las cuales atraen los especuladores con sus nefastos "capitales golondrina" en momentos en que los países ricos acercan sus tasas al cero por ciento.

Es decir, justifican importar dólares para monetizarlos, para que renten en Colombia en momentos en que no rentan casi nada en el exterior. Por esto precisamente fue tan exitosa la colocación reciente de 1.000 millones de dólares de bonos colombianos. Quiera el Cielo que no decidan ahora ajustar los faltantes del presupuesto colocando bonos en dólares para luego monetizarlos, y retornar, por último, a desplomar la tasa de cambio.

Porque así revalúan o aprecian nuestras autoridades monetarias el peso colombiano, destruyen las exportaciones colombianas, desquician la producción doméstica al fomentar las importaciones baratas y toleran que cunda el desempleo en un año electoral. Nada más fatal que esto. Y todo lo justificaban para combatir la carestía internacional de los alimentos, los otrora elevados precios del petróleo y algún exceso doméstico en los créditos de consumo, factores inflacionarios que no constituyen hoy amenaza seria. ¡Vaya irresponsables!

Los señores Guillermo Perry y Mauricio Olivera acaban de proponer algo  que ya muchos hemos propuesto, pero que nuestros ineptos congresistas no alcanzan a comprender:  "Se debería establecer el objetivo de lograr un superávit estructural de por lo menos 1 por ciento del Producto Interno Bruto, como ocurre en Chile, mediante la modificación de las leyes del Presupuesto. Por "estructural" se entiende un balance que corrija los ingresos a ser presupuestados por los efectos del ciclo económico y por la volatilidad de los precios del petróleo y otros productos básicos. Esta regla conduciría automáticamente a un manejo contra-cíclico del presupuesto".

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