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La compleja situación en la que Colombia se ha visto en los últimos años obedece a una alineación exagerada del país con su principal socio histórico, con acciones que resultan claramente provocadoras para Venezuela y Ecuador.
En el marco de ese objetivo general, el país debe ampliar el margen de maniobra con respecto a la administración norteamericana. Esto implica continuar con políticas de cooperación al desarrollo y, en el marco de éstas, mantener la cooperación militar y el fortalecimiento del Estado de Derecho. Con paciencia, se debe esperar a que las condiciones económicas hagan posible reabrir la discusión sobre el Tratado de Libre Comercio. La nueva política hacia EE. UU. debe ser realista y abandonar concepciones como el famoso consenso bipartidista. Al mismo tiempo, nuestra política exterior debe ganar un mayor margen de maniobra, lo cual implica, por ejemplo, abrir un debate franco sobre las estrategias de lucha contra las drogas, luego de 30 años de insistir en metodologías fallidas.
Un objetivo táctico central es evitar cualquier tipo de escalamiento de un posible conflicto con Venezuela. Para ello se deben buscar mecanismos concretos de fomento de la confianza, que deberían ser monitoreados por una organización multilateral. La espiral de desconfianza debe ser revertida para que fluya de nuevo el intercambio económico, y la embajada debe estar a cargo de alguien con talento político para manejar a un vecino tan complejo.
Colombia debe reforzar su activismo en las organizaciones multilaterales. Sólo mejorando la labor en estos escenarios será posible avanzar en temas prioritarios de la agenda nacional. Una política seria de seguridad regional no puede construirse a punta de desplantes en Unasur, pero tampoco se puede olvidar que el mejor escenario sigue siendo la OEA, no sólo por la presencia en ella de EE. UU, sino porque allí también se encuentra un nuevo y aún no explorado aliado: Canadá.
Finalmente, alcanzar estos objetivos requiere de una apuesta grande por el fortalecimiento institucional de la Cancillería. La política internacional no puede desligarse de los agentes que la representan y las embajadas no deberían usarse para mandar de paseo a quienes ayudaron a financiar la campaña.
Analista internacional y editor de la ‘Revista Política Colombiana’.