Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Llama la atención que el país esté esperando el habemus papam del presidente Uribe para saber para dónde agarra cada tendencia política en el país. Esa decisión no puede impedir que lo verdaderamente importante continúe su trasegar histórico: la legitimidad de nuestras instituciones.
Una de éstas es la consulta interna de los partidos, conocida en otras latitudes como primarias. Este mecanismo fue hybris de la victoria del hoy presidente Barack Obama. Su esencia radica en que las diferentes corrientes internas de las colectividades, sobre la base de igualdad de oportunidades para todos los candidatos, se disputen el liderazgo de su partido en una contienda electoral. En la que ganó Obama, su rival más enconado fue Hillary Clinton, quien hoy es su secretaria de Estado. Este binomio deja muchas lecciones. La más importante, sin duda, es que gracias a la dinámica de las dos tendencias, el Partido Demócrata recuperó el poder en EE.UU. Si este mecanismo no existiera, jamás habría alcanzado un afroamericano la presidencia de la gran potencia.
En Colombia las consultas son relativamente nuevas. Su presentación en público se hizo en una Convención del Partido Liberal en el año 1988 gracias al ímpetu que Luis Carlos Galán le impuso a la política colombiana y que permitió su ingreso al liberalismo de la mano del ex presidente Julio César Turbay, director único del partido en aquella época. Después ha habido tres consultas internas para escoger candidato del Partido Liberal y dos del conservatismo.
La actual contienda del liberalismo, con la presencia de hombres probos y con trayectoria, corre el riesgo de asemejarse a un partido de fútbol de la Sub 20 (con el respeto que me merece esta camada de imberbes futbolistas) y no en un ejercicio democrático que convoque a colombianos con ideas liberales a participar y robustecer la histórica colectividad roja.
Un candidato como Rafael Pardo crecería sus propias expectativas si tuviera contrincantes de peso similar al suyo. Las calidades y cualidades de los otros candidatos son fehacientes: quién puede negar la vida jurídica y política de Alfonso Gómez; el conocimiento internacional y público de Alfonso López; la experiencia económica y social de Cecilia López; la formación constitucional y legislativa de Héctor Helí Rojas; el perfil joven y ejecutivo de Aníbal Gaviria; la pulcritud y audacia de Iván Marulanda, todos respetables pero sin pimienta.
Esta consulta debería tener algo de color. Lo digo por la ausencia de Piedad Córdoba o Rodrigo Rivera e incluso de Germán Vargas Lleras, quienes harían de este ejercicio un evento de interés entre las diferentes tendencias del partido. El hecho de ganar por ganar una primaria tendría una lectura errónea en un país que tiene una nueva forma de observar la política. Los colombianos de este siglo no entienden acuerdos entre caballeros a la usanza de los que generaron gobernabilidad a mediados del siglo pasado; hoy el ciudadano está en busca de verdaderos conectores entre su propia historia y la de quien quiere representarlo en el ejercicio del poder. Una hermandad siamés es lo que busca el elector, no discursos ni promesas. En esta oportunidad lo que está en juego no es el resultado de la consulta interna; lo que hay en competencia es la legitimidad de un partido que, como el Liberal, acumularía en 2010 doce años por fuera del poder.
* Analista Político y ex diplomático