¿A quién le creemos?

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Por: Miguel Villa Uribe

Estamos siendo bombardeados día a día con información de expertos de todo tipo, en salud, economía, derecho, filosofía y demás, y ya ni sabemos qué pensar. Lo que sí sabemos es que la gran mayoría de las personas tiene como fuente de noticias las redes sociales, las cuales funcionan a partir de algoritmos que predeterminan los gustos y creencias de las personas de la siguiente forma: yo leo una noticia en Facebook que me parece interesante de un doctor que asegura debemos quedarnos en casa por los altos riesgos que esto implica para mi salud, y la de los demás; ahora, como me atrajo la noticia, le doy un “me gusta” o, aun más, lo comento o lo comparto en mi “muro”. Luego el algoritmo de la red va a continuar destacando este tipo de noticias, dado que mostré interés en la misma.

El concepto es básico: para no hacer las redes ambiguas o aburridas, los algoritmos logran que las personas se puedan conectar por sus gustos y/o creencias. Este es uno de los motivos por los que estamos viviendo una “era” de polarización ideológica. Y cómo no va ser así, si yo leí 20 artículos de expertos en la materia, y todos dicen que debo quedarme en casa por el bien de la humanidad. ¿Cómo es que ahora alguien más va a tratar de venderme la idea que la economía es más importante? Esto podrá sonar muy habitual en su diario vivir, y la verdad es que, dependiendo de la fuente de noticias que use, los dos pueden estar o acertados o errados, e inclusive, a estas alturas de la pandemia, los mismos expertos pueden estar equivocados.

Pero esto va aun más allá. La mayoría de los periodistas más influyentes del mundo orbitan alrededor de Twitter, red social que podríamos describir como el lugar donde bandos de comunicadores e influencers acreditan o desacreditan cualquier teoría que sea escrita por cualquier otro, dentro de la misma red.

Uno de ellos, el reconocido periodista Félix De Bedout, me quedó sonando después de una entrevista a un senador, a quien increpa por plantear la idea de reabrir los centros comerciales, con el pretexto de que la manufactura se estaba reactivando, y por consecuencia estos productos tenían que poder ser comercializados en centros comerciales, o no tendría sentido la reactivación del sector. A lo que Félix, basado en su línea de estudio científico, lo cuestionó con: “¿cuántas muertes y cuánto sufrimiento está dispuesto a aceptar?” (para abrir los centros comerciales), teoría que viene del epidemiólogo de La Casa Blanca, Anthony Fauci, a quien Félix cita permanentemente por su amplio conocimiento, y quien obviamente tiene fundamentos científicos claros y válidos. Pero, ¿es tan absurdo el planteamiento del senador?

El mundo entero está en proceso de aprendizaje en este momento; ya sabemos mucho más sobre el virus que hace tres meses, pero todavía no podemos decir a ciencia cierta cuál es la forma definitiva de afrontar la crisis. No nos podemos dejar llevar por una sola línea de expertos. Un epidemiólogo, en este caso, se enfoca en cómo se desarrolla el virus en los humanos y da sus tesis a partir de esto; y el economista se enfoca de entender cuál es el impacto económico que esto tendría en la sociedad; los dos pueden estar correctamente fundamentados en su planteamiento, pero ya es hora de que estos dos cohabiten en el mismo lugar para que podamos llegar a una solución más sensata para la humanidad. Hablo particularmente de estos dos, debido a que en este momento son las esquinas más opuestas a la solución de la coyuntura.

Esto nos lleva a pensar en otra disciplina como la Lógica. A través de la vida es probable que todos nos hayamos planteado el dilema del “mal menor”, de si por ejemplo debamos sacrificar una vida para salvar otras diez. Era muy difícil que las circunstancias nos pusieran en esta situación, pero parece ser que el momento de escoger entre nuestra ética y moral y la lógica ha llegado. Sería espléndido poder quedarnos en casa hasta que la vacuna contra el COVID-19 sea creada (si es que es posible de conseguir), pero naturalmente eso no es viable para la vida de millones de personas que necesitan producir para comer. También hemos visto que el contagio es imparable sin importar lo larga y restrictiva que puedan ser las cuarentenas; que la cuarentena lo que busca es aplanar la curva para que los centros de salud den abasto, bueno, cuánto tiempo sería necesario para que la curva infecte progresivamente a 50 millones de habitantes sin que el sistema de salud colapse o se cree la cura.

Con toda esta información estamos llegando al inevitable razonamiento de si tiene sentido seguir protegiendo la vida de unas pocas personas vulnerables para poner en peligro la vida de muchísimas otras más. Yo no digo que nos pongamos en los pantalones de personas como Trump o Bolsonaro, ¿pero lo que está haciendo Suecia es un suicidio? A los suecos nunca los hemos reconocido como insensatos; de hecho, todo lo contrario, los escandinavos, como siempre, terminan siendo ejemplo social para la humanidad. Por supuesto se pueden equivocar, pero ya estamos viendo que su negativa al confinamiento les ha funcionado como esperaban, y es bajo preceptos científicos y económicos. Por un lado, con la teoría de la “inmunidad del rebaño”, que dice que si toda la comunidad se infecta del virus, esta comunidad podrá adquirir inmunidad del mismo. Y por el otro lado entendiendo la teoría económica que no se puede parar la economía ya que esto podría traer serias implicaciones a la sociedad. Claramente yo no tengo la solución, pero los diferentes países están haciendo sus propios laboratorios y por el bien de la humanidad; alguno tendrá que estar bien.

Entre estos Colombia ya está entrando gradualmente en etapa de reapertura económica, algo contradictorio según algunas teorías, ya que los casos de contagio y muertes están subiendo. Esto significa que, o cometimos un error al cerrarnos completamente en el pasado, y lo estamos corrigiendo, o estamos a punto de cometer un error fatal al abrir nuevamente la economía e infectarnos todos. Para esto tendremos que esperar unas semanas más y ver qué precauciones vamos tomar a medida que las circunstancias pasen. Lo que sí creo que sería gravísimo sería abrir la economía para eventualmente volverla a cerrar. Más allá de todo, es tratar esta problemática desde una perspectiva más multidisciplinaria, porque ni la lógica, ni la moral, nos van a salvar de perder muchas vidas en este momento, ya sea por la pandemia o por el colapso económico.

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