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Recuperación sin empleo

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La economía colombiana se recuperó en el primer trimestre con un avance del producto de más de 4,5%.

El interrogante se plantea con respecto a la sostenibilidad. El crecimiento se explica por el petróleo y la construcción de infraestructura. La industria crece con altibajos, la agricultura desciende y el balance entre exportaciones e importaciones disminuye.

El perfil de crecimiento que antecedió a la crisis no se ha modificado. La recuperación es inducida por la entrada de inversión extranjera y la revaluación y la elevación de los precios de los activos representados por la vivienda y las acciones. Las divisas se orientan a la adquisición de importaciones destinadas a sustituir la producción y el empleo nacional por importaciones de bienes de capital y materias primas. En la industria la producción crece 4% y el empleo desciende 2%. Las empresas experimentan grandes aumentos de la productividad que aceleran el crecimiento económico y desplazan la mano de obra. En contravía de la ortodoxia, el crecimiento económico va de la mano del aumento del desempleo.

La demanda es el resultado de dos efectos conflictivos. De un lado, se amplía por las ganancias empresariales y la valorización de activos, y de otro lado, se contrae por el desempleo y los bajos salarios de la informalidad. El balance tiende a ser reforzado por el déficit fiscal, pero es insuficiente. La actividad productiva está distante de recuperar la caída de los dos años anteriores y no absorbe el incremento de la fuerza de trabajo.

Lo grave es que el panorama se verá complicado por la rápida desaceleración de Europa y Estados Unidos, que se anticipó en esta columna hace varios meses y tiene los visos de extenderse al resto de naciones. El mundo enfrenta sobreabastecimiento similar al que antecedió la crisis de 2007. En todas partes la producción industrial crece el doble del producto nacional, los inventarios se disparan y las bolsas descienden. Y si a esto se agregan el bloqueo de Venezuela y la cuantiosa revaluación del peso, no es difícil advertir que la economía colombiana está expuesta a una recaída.

A Colombia le ocurrió lo mismo que al mundo. Las autoridades económicas se resistieron a aceptar que la crisis recesiva es un problema estructural ocasionado, en buena parte, por el orden económico internacional. Volvieron a las mismas, propiciando la actividad por la vía de las burbujas. Estados Unidos lo hizo estableciendo la tasa de interés en cero e inundando el mundo de dólares y Colombia propiciando la inversión extranjera y la revaluación. Las políticas tradicionales inflaron las burbujas, pero no evitan que se desinflen.

Es hora de que el país entienda que el modelo de crecimiento con revaluación y desempleo es inequitativo e insostenible. No es algo que se pueda prevenir con el banco central autónomo de un solo instrumento y un solo objetivo. Es indispensable combinar las políticas fiscales y monetarias, intervenir el mercado cambiario y conectar la política laboral para inducir el crecimiento, sostener el tipo de cambio y subsidiar la creación de empleos formales.

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