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Revaluación tolerada

Eduardo Sarmiento
02 de octubre de 2010 – 09:59 p. m.

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El Banco de la República puso en práctica el anuncio de comprar divisas por US$20 millones diarios durante cuatro meses. La cotización subió en un principio y luego volvió a $1.800 con tendencia a disminuir, repitiendo el espectáculo de los últimos siete años.

Antes de la medida señalé que la revaluación es el resultado de una decisión explícita del Emisor en favor de la inflación. No hay ninguna razón empírica y teórica que impida que una economía pequeña o mediana devalúe el tipo de cambio. Existen los ejemplos de China, India, Argentina y varios países de Asia Oriental que han mantenido el tipo de cambio real.

El fracaso reiterado para detener la revaluación no es otra cosa que la insistencia en el error histórico de la autonomía del Banco de la República para reducir la inflación. Los especuladores son los grandes favorecidos con la indecisión conceptual. Tan pronto el Gobierno entra a adquirir divisas, los intermediarios hacen lo propio, y cuando la divisa se ha devaluado proceden a vender precipitando la caída.

Las autoridades económicas no entienden que la revaluación no es un ajuste neutral del mercado. La abundancia mundial de divisas revalúa el tipo de cambio, contrae la industria y la agricultura, y luego determinaría una devaluación masiva que retornaría el tipo de cambio a nivel histórico. El mercado cambiario se estabiliza por la vía de la destrucción productiva, de la enfermedad holandesa.

La principal restricción para el manejo cambiario reside en la rentabilidad de la entrada de capitales en Colombia y su movilización a la bolsa, que en lo corrido del año superó en 25% la de Estados Unidos.

Es posible que la diferencia se aminore con los controles de capital, pero de ninguna manera se corregirá en su totalidad. En realidad, la única forma de nivelar los rendimientos es con una emisión cuantiosa para elevar el tipo de cambio en forma anunciada y bajar la tasa de interés de los TES a cero.

Este manejo entra en abierto conflicto con el mito de que el dinero genera aumentos proporcionales de la inflación. El análisis económico basado en desequilibrios sugiere algo muy distinto. Mientras exista elevado desempleo, actividad productiva por debajo de la capacidad instalada y tasa de interés cero, no existen las condiciones para que aumente la inflación. La ampliación de la cantidad de dinero no es recibida por el público, y si lo fuera, puede esterilizarse con medidas de encaje a los depósitos de ahorro.

El país se encuentra ante el dilema de mantener el error del Emisor y asumir la enfermedad holandesa. La sinsalida está en que los personajes que crearon el dilema son los encargados de resolverlo.

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