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Sobre una columna: Más allá de los incondicionales, el arcoíris de la política

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Leyendo la columna de Arturo Guerrero, titulada “Los incondicionales o la cuña que más aprieta”, voy a cuestionar algunas aseveraciones que hizo sobre la política en Colombia. A propósito de que existe “una radical diferencia entre los dos extremos de la balanza política”, donde supone que la derecha ha tenido clarísimo su objetivo histórico (mantenerse en el poder y repartir inagotablemente las riquezas entre los suyos) y la izquierda, que a lo sumo ha llegado al gobierno y se empecina en discusiones bizantinas de cómo conquistar el poder y mantener la victoria, la dinámica interna de cómo se zanjan las discusiones en el campo de la izquierda y la derecha no es tan simplista.

Por lo menos, la izquierda en Colombia hoy día es una síntesis mucho más rica de “ellos son grises, nosotros el arco iris” que sugirió Alfredo Holguín hace más de una década en la conformación del Polo Democrático Alternativo como propuesta política distinta a los partidos políticos tradicionales. La dinámica deliberativa que se desarrolla en el interior de las fuerzas políticas que actualmente conforman el Pacto Histórico, como coalición de partidos y movimientos que llevaron a la presidencia a Gustavo Petro y Francia Márquez como fórmula vicepresidencial, guarda sus justas proporciones en el análisis de coyuntura y del contexto actual, a la luz de una apuesta estratégica histórica: sacar adelante un conjunto de reformas sociales, lo cual se puede traducir en revertir el rampante modelo económico neoliberal.

Así las cosas, el Pacto Histórico con los actores que se suman en esta apuesta estratégica reflejan un símbolo unitario en el espectro de la izquierda y el progresismo en Colombia, y encarnan un sujeto político plural, donde las luchas colectivas por la exigibilidad de derechos, la participación efectiva, la construcción de paz, las políticas diferenciales, y la lucha contra el racismo y la desigualdad, entre otras, constituyen ámbitos centrales que hoy se discuten. Y en estas deliberaciones, lejos de quedar atrapadas en la miopía que introyecta las doctrinas, se destacan los ejercicios reflexivos y críticos en torno a las prácticas clientelistas y corruptas que se reproducen y normalizan en los partidos políticos tradicionales, empresas electorales e incluso con la aquiescencia de algunas instituciones estatales.

De modo que, lejos de ser idealistas por defender algunas tesis de sus programas políticos, insinuando la incapacidad para interpretar la situación concreta de su realidad, considero que hay un ejercicio crítico y deliberante que cuestiona las prácticas y estructuras heredadas de un sistema clientelar, corrupto y violento, resignificando el universo de lo político, exigiendo rendiciones de cuentas sobre la gestión pública, reclamando verdad, justicia, reparación y no repetición en torno al conflicto armado interno, pero, sobre todo, dotándolo de un contenido mucho más rico y diverso, poniendo en la agenda pública las deudas históricas y emergentes de los sectores populares que los gobiernos precedentes sin escrúpulos han ignorado. Y esto no es más que un síntoma de la emancipación colectiva de los nadie.

Richard Fabián Pérez Ramírez, Bogotá

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