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Por supuesto, todos los sectores productivos transables de nuestra economía vienen sufriendo las consecuencias de ello. Algunos de esos sectores tienen claridad de que la única manera de salir adelante en este mundo globalizado e incierto es haciendo la tarea micro de mejorar permanentemente la productividad de esos negocios.
La propuesta que en los últimos días ha hecho un candidato a la Presidencia de establecer una tasa de cambio cafetera no es una buena idea. El sector cafetero es uno de los que más ha sufrido las consecuencias de la apreciación del peso. Sin embargo, la solución a este problema no está por el lado de establecer esa tasa de cambio especial.
Las razones son varias. Primero, desde el punto de vista legal, este tema es competencia del Banco de la República, el cual es el responsable de la política cambiaria. Para poder llevarla a cabo habría que cambiar la Constitución. Desde el punto de vista macroeconómico, generaría una apreciación adicional de la tasa de cambio libre que sufrirían los demás sectores.
Desde el punto de vista de equidad, surgiría la pregunta, ¿por qué no se establece una tasa de cambio especial para las flores, para las confecciones, para el banano y para tantos otros renglones productivos que exportan y generan empleo?
Para el propio sector cafetero, generaría un fenómeno de sobrefacturación de exportaciones de café y de contrabando de los países productores vecinos (Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela) hacia Colombia. Además, generaría un ambiente artificial de prosperidad en el sector que podría llevar a descuidar las tareas que los productores vienen haciendo de volver cada día más productivo su actividad e induciría inversiones no sostenibles.
Hay que luchar contra la apreciación del peso y para ello el Gobierno tiene que ser más austero, bajar la deuda, estabilizar por fuera los recursos provenientes del boom del petróleo y demás minerales, incluyendo las regalías.