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BAJO ESTA DENOMINACIÓN SE CONOcen explicaciones generalmente especulativas, falsas o estrafalarias, sobre acontecimientos de impacto político que encuentran aceptación en sectores de la población.
Su difusión puede explicarse en el hecho de que algunos Estados, con el fin de lograr apoyo de la opinión y de los órganos legislativos para entrar o escalar en una guerra, recurren a mentiras; al cabo de un tiempo, generalmente cuando ha concluido la guerra, sale a la luz la falsedad del acontecimiento que la justificó.
Algunos ejemplos de las teorías conspirativas actuales son explicar el ataque del 11 de septiembre del 2001 como un montaje del gobierno Bush para declararle la guerra a Afganistán. Explican la caída de las torres no como el efecto del choque de los aviones, sino por la detonación de cargas explosivas como las usadas para demoliciones.
Otra teoría afirma que la CIA y el FBI tienen pruebas de la existencia de ovnis. De tiempo en tiempo se afirma que la llegada del hombre a la Luna fue una transmisión de una película realizada por expertos directores de cine.
Una teoría que tuvo aceptación crítica, pero resultó ser conspirativa, fue el abatimiento del avión de Korean Airlines en 1983. Se decía que era un avión espía disfrazado de nave de pasajeros. Los pilotos equivocaron la ruta e incursionaron en el espacio aéreo soviético en zona de restricción militar. El día anterior sí había sobrevolado un avión espía norteamericano.
Entre las mentiras oficiales que estimulan las exóticas teorías conspirativas pueden señalarse las siguientes.
La explosión del acorazado Maine, en la bahía de La Habana en 1898. Estados Unidos, que quería declararle la guerra a España, la acusó de la explosión y en esta forma pudo anexar a Cuba y tener presencia en el Pacífico, apropiándose de las Filipinas. A la postre se demostró que la explosión se originó en el interior del barco, no se sabe si por accidente o intencionalmente.
El hundimiento del Lusitania, por ataque de un submarino alemán, en 1915 le dio carta blanca al gobierno norteamericano para entrar a la Primera Guerra Mundial. El barco, además de ser un barco de pasajeros, iba cargado de armas y explosivos; el gobierno alemán había publicado avisos en los diarios avisando del bloqueo y del riesgo de viajar en barcos que llevaran cargamento militar.
En un documental Robert Mac-Namara, ex secretario de Defensa, confiesa que no se produjeron los ataques a naves norteamericanas por parte de barcos norvietnamitas en el golfo de Tonkin, pretexto para obtener la autorización del Congreso al presidente Johnson para atacar a Vietnam del Norte. Como consecuencia del “Incidente del golfo de Tonkin” la guerra causó millones de muertes vietnamitas y 58.000 soldados norteamericanos perdieron la vida. Mac-Namara reconoce que la CIA lo engañó.
En fecha más reciente, los más de 200.000 muertos iraquíes y la atroz violación de los Derechos Humanos son el resultado de la falsedad de la existencia de armas de destrucción masiva en el territorio de Irak. Es bueno recordar que Colombia fue el único país suramericano que acompañó a Bush en esta injusta guerra.
Una primera conclusión se desprende. Si los gobiernos no recurren al engaño y la mentira, la ciudadanía no tendrá tanto aliciente para forjar teorías conspirativas que echan un manto de duda sobre sus gobernantes, y en particular sobre el accionar de sus ejércitos.
* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano