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Sería otra vida paralela la que tendría que alquilar, si tuviera que andar ocupándome de las mentiras diarias, sistemáticas, permanentes y persistentes que utilizan mis contradictores como mañas sucias para percudir mi imagen. Ya tengo callo en la psiquis, mi autoestima desecha las bacterias producidas por la infamia y guarda celosamente las muestras de cariño que mis amigos profesan para con mis causas, las cuales, en cambio, estarán siempre motivadas en la verdad, principio al que he subordinado mi vida y mi carrera.
En este sentido, estas letras no pretenden una reivindicación de mi imagen, ni mucho menos están dirigidas a salvaguardar mi buen nombre, esa causa se la dejo a mis abogados que ya están sacándole filo a las teclas. A usted, en razón a la dignidad democrática que entraña su cargo, me dirijo porque me preocupan los lectores, que vienen siendo a quienes termina contaminando el virus enfermizo que entraña una información errada. Virus que se propaga como la más nefasta pandemia que contamina la sociedad y degrada la democracia.
Por ser El Espectador el medio que es, me tomo el trabajo de dejar a un lado a mi nieta este domingo, para sumergirme en la pantalla que me irradia y me produce jaqueca. A El Espectador me dirijo por su genética liberal y progresiva, por su entrega a los más nobles ideales, por el sufrimiento al que lo ha llevado la persistencia en el mismo principio que combustiona mis pasos: La verdad.
Aquella verdad a la que faltan las líneas finales del artículo “Piedadvsa” escrito por Yohir Akerman y publicado el pasado 5 de marzo. Coletazo desafortunado del autor, que de alguna manera tenía que justificar el título del escrito, así tuviera que recurrir a la calumnia
Si usted lee el contenido del artículo, podrá concluir que se vincula mi nombre con una investigación de la DEA por narcotráfico sin ningún tipo de soporte probatorio, sin siquiera haber sido mencionada por fuente alguna. Al autor se le ocurre arrancar hablando de los vínculos con el crimen organizado de unas personas que jamás he visto ni conocido, que no han tenido ni el más mínimo contacto vivencial conmigo ni con mi familia.
Por lo que se puede deducir de las palabras que amarradas unas con otras testifican solamente el afán de dañar, el autor con este escrito no pretende denunciar hechos veraces sino agredir la imagen pública de quien muy probablemente es enemigo de sus padrinos. Hay una distancia kilométrica entre un periodista de opinión y un bandolero ideológico; el uno obra motivado por la veracidad y el bien común, el otro solamente es un sicario del intelecto que busca agredir, dar en el blanco sin importar los medios.
Como a usted lo que debe interesarle es la verdad, me permito ponerle de presente las mentiras que dan fe de una realidad innegable e incontrovertible: Todo lo que dice de mí ese artículo es completamente falso. Jamás he traficado influencias con PDVESA con el fin de facilitar contratos de empresas colombianas. Yo jamás he tenido vínculo alguno con la empresa Trenaco como se rumoreó en los pasquines amarillentos, con los que Akerman pretende fundamentar sus embustes.
Al ver como se invocaba mi nombre de forma injuriosa, corrí a frentear a Trenaco. Quería saber si era de ellos de donde venía la falacia. Trenaco tiene a bien responder por escrito (comunicación que adjunto), a través de su representante legal, no sólo que jamás ha tenido ningún tipo de relación comercial conmigo, ni mucho menos que me haya prestado para endulzar oídos en Venezuela, sino que ellos, Trenaco, los mismos a quienes este periodista mentiroso acusa de haber logrado un contrato de 4.400 millones de dólares por intermedio mío, jamás, y aquí le pido que agudice el oído, jamás han contratado con PDVSA. Es decir que además de hacerme ver como una traficante de influencias, este artículo me sindica de haber gestionado un contrato entre Trenaco y PDVSA, ¡que ni siquiera existió!
Dejo en sus manos mis razones, pruebas y cuestionamientos; solamente le pido realice un cotejo de las palabras del autor con los hechos que antepongo, reitero, con suma reverencia y respeto ante su despacho. Si a bien usted lo tiene, corroborada la falta de veracidad de la publicación, le solicitaría realice las gestiones pertinentes para que el lector sea informado con la verdad, espíritu y cuerpo de toda democracia.
Respetuosamente,
Piedad Esneda Cordoba
Domingo 13 de marzo de 2016.