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Hace poco el presidente de México, Felipe Calderón, firmó una nueva ley mediante la cual se descriminaliza el consumo personal de drogas y se plantea la creación de centros especializados en tratamiento, atención y rehabilitación.
En el mismo sentido, en días pasados la Corte Suprema de Justicia de Argentina declaró inconstitucional la penalización de la tenencia de drogas para uso personal.
Brasil avanza también en esa dirección, tras un fallo judicial de comienzos de este año que abrió las puertas para un debate sobre una despenalización más amplia. El Gobierno se ha mostrado muy abierto a apoyar esta medida y en foros internacionales ha criticado abiertamente las posturas prohibicionistas impuestas por Estados Unidos.
En 2008 Ecuador sancionó una ley de indulto para las llamadas mulas del narcotráfico, considerando que la ley debería enfocarse en perseguir a quienes trafican con droga a grande escala. Más de 2.000 personas fueron liberadas de las cárceles, contribuyendo a la descongestión de los centros de reclusión.
En Europa tenemos casos similares que han servido como referencia importante para los países latinoamericanos. España, Italia, Holanda, Luxemburgo, Portugal, entre otros, cuentan con políticas de despenalización para el consumo de limitadas cantidades de drogas.
No todos se muestran de acuerdo con la despenalización del consumo personal. En Colombia, país que estuvo a la vanguardia a mediados de los noventa al despenalizar la dosis personal, desde hace ya un tiempo el presidente Álvaro Uribe ha solicitado al Congreso que eche para atrás esta medida, porque a su juicio debe haber coherencia entre la lucha que libra el Gobierno contra el narcotráfico y las políticas que se siguen para lidiar con el consumo de droga.
La experiencia de otros países nos indica que el principal afectado de esta política es el sistema carcelario. En América Latina existe un serio problema de hacinamiento en las cárceles, y trasladar el problema de los consumidores al sistema de salud pública sin lugar a dudas servirá para descongestionar los centros penitenciarios.
Frente al problema del consumo, el tema no está muy claro. Algunos dicen que la descriminalización crea un ambiente de tolerancia que facilita el consumo. Otros afirman que al fortalecer los sistemas de salud pública se les puede ofrecer un mejor tratamiento a los adictos.
Esta tendencia hacia la despenalización del consumo de drogas es interesante y positiva, y se aparta del enfoque tradicional prohibicionista que ha primado hasta ahora y que no ha tenido los resultados esperados. Para que pueda funcionar, sin embargo, es urgente que los países adopten medidas previas encaminadas a un fortalecimiento de los sistemas de salud pública, y de mayor asignación de recursos para la implementación de programas de prevención, educación y rehabilitación que respondan a la, cada vez mayor, problemática del consumo de drogas en la región.
* Consultora Senior de Newlink Political