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¿Una nueva frontera liberal?

En un visionario discurso pronunciado en el Teatro Colón en 1946, registrado en la memoria de un estudiante de la época, el ex presidente Alfonso López Pumarejo les sugirió a los jóvenes reunidos allí en una hora crucial del liberalismo, que su deber y su tarea era el de construir nuevas fronteras entre las colectividades políticas que se habían desdibujado, según él mismo lo había aseverado.

27 de noviembre de 2009 – 04:48 p. m.

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Mucho más tarde aun, en 1974, una línea análoga se hizo evidente en una exposición del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, quien presidía la fundación en Washington de un capítulo de la Sociedad Económica de Amigos del País.  Hablaba él de cómo el Partido Liberal debía extender sus fronteras según las nuevas realidades sociales y cómo las luchas del futuro se enfocarían, por ejemplo, en la defensa de los consumidores; en la preservación del medio ambiente; en abanderar algunos movimientos sociales que empezaban ya a perfilarse en el horizonte y que serían subsecuentemente nombrados e incluidos en la teoría política.

Durante la campaña presidencial de 2006, en una entrevista concedida por el excandidato del Polo Democrático, mencionó él cómo las causas liberales debían ser asumidas ahora por la nueva izquierda.  También lo oímos precisar en una mesa redonda en la Universidad de los Andes, a partir de la lectura de un texto de Simone de Beauvoir, su posición de ruptura con la vieja izquierda, caracterizada por el dogmatismo, por la adhesión acrítica a un modelo ‘científico’ de lo económico y social ya rebasado, y un compromiso con la lucha armada como medio para llegar al poder.

Contra esta visión de la vieja izquierda luchamos los demócratas liberales dentro de la Universidad confesional de los años setenta y comprometimos mucha vida en una batalla que no conoció el país. El dogmatismo, y el odio incubados en esa época se refugiaron y se anquilosaron luego en las montañas de Colombia. Desde allí se han seguido practicando todas las formas de lucha, en un inexorable y bien diseñado programa que se ha venido cumpliendo a largo plazo, según un conocido libreto original. Es ese el espanto –sin aliento doctrinario ya, pero presente en su crueldad y en su ceguera-, que sigue moviéndose en los escenarios de la política colombiana. Pero, mediante un elaborado manejo retórico, y sin hacer distinciones entre la una y la otra, se ha utilizado para nombrar al fantasma la palabra  “comunismo”; como un significante vacío que pone a las dos -las Farc y la nueva izquierda democrática- en el mismo saco de significación en el imaginario de la gente. ¡Efectos poderosos del lenguaje!

El liberalismo colombiano, por su parte, nunca se ha dado por entendido de la batalla que se ganó en el terreno de la historia del pensamiento, que derribó de paso el muro de Berlín, y no ha capitalizado para su doctrina ni para su práctica política el importante giro ligado a una nueva retórica.

Los referentes de la contienda política han cambiado; tal vez la nueva propuesta sería la de una ‘democracia radical’ que abandere, entre otras, las reivindicaciones de quienes viven en la exclusión, al margen de la sociedad; de los que no tienen nombre ni voz y solo son un dato residual de la estadística, de los/las que ven denegados sus derechos… 

Los principios de una nueva izquierda inspirada en un pensamiento abierto a la innovación y a la tolerancia son atractivos para la mentalidad liberal de avanzada. Es la puesta en práctica de la capacidad creativa del ser humano aplicada a la producción de un nuevo ordenamiento social. “La realidad es imaginación” decía Gaitán, adelantándose a su tiempo ya en los años 40. Hay una nueva frontera, una ruptura total que se ha abierto para un retorno y una resignificación de lo político. En cuanto al partido liberal de Colombia, hay que decir que sus aparentes adversarios no hacen otra cosa que abanderar las que deberían ser sus propias causas, como sería la búsqueda -no por utópica menos posible-, de una democracia plena.

* Presidenta de PEN Colombia.

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