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Venture Capital, ¿amenaza del capitalismo?

Juan Carlos Gómez
30 de noviembre de 2020 – 12:00 a. m.

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Adam Neumann, cofundador de WeWork en 2010, es uno de esos personajes que, como Madoff o Ponzi, deslumbraron tanto a incautos como a avezados inversionistas. En 2014 su empresa, apalancada en fondos de capital de riesgo (Venture Capital), ya había logrado reunir $US 500 millones, a pesar de las ingentes pérdidas que acumulaba.

Neumann, aún con sus excentricidades parecía ser el próximo Zuckerberg y crear la primera red social física; miles de locaciones de co-working alrededor del mundo. Una comunidad universal de emprendedores que en esos espacios generarían ideas y riqueza. La ola era tan arrolladora que en 2017 el multibillonario fondo de inversión japonés SoftBank invirtió en WeWork $US 3 billones, con lo cual esta compañía alcanzaba un valor de $US 20 billones, una cifra astronómica para una star-up, solo comparable entonces con Uber y Airbnb.

Como se sabe, no hubo un final feliz. Neumann resultó ser vicioso e indelicado y WeWork no era la joya de la Nueva Era, como lo pregonaban él y su esposa. La prestigiosa publicación Wall Street Journal se dedicó a seguirle los pasos a Neumann y descubrió que furtivamente compraba inmuebles para luego arrendarlos a WeWork. Estas y otras patrañas frustraron su oferta pública de valores (IPO) en 2019 y Neumann tuvo que renunciar.

Hoy cuando en medio de la pandemia el futuro de WeWork es incierto, se recuerda que su boom no hubiera sido posible sino hubiera llamado la atención de Venture Capitals como SoftBank. Charles Duhigg en un excelente artículo publicado recientemente en la revista New Yorker, critica vehementemente los fondos de Venture Capital y los acusa de estar deformando el capitalismo.

El ecosistema de Venture Capitals está dominado por pocas empresas que manejan cientos de billones de dólares. Como analiza Duhigg, su estrategia muchas veces se enfoca en apostarle a varios emprendimientos, como en un casino. Algunas no tienen ningún pudor para fondear empresas que violan las reglas de la libre competencia o, incluso, incurren en conductas penales.

Al parecer, las grandes fortunas hechas después de 30 o 40 años de trabajo o de dos o tres generaciones quedaron relegadas a la historia romántica del capitalismo.

@jcgomez_j

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