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¿Cuál es su balance de este período legislativo en la Cámara de Representantes y de la gestión del Gobierno en el Congreso?
Fue muy importante para el país, para el Gobierno y para el Congreso la nueva relación que surgió. Se ve un Congreso independiente, que enfrenta al Gobierno cuando hay temas en los que considera que está equivocado. En el Gobierno pasado había una coalición muy grande, no existía independencia, y eso no permitió que el Congreso se viera en su esplendor. En este momento el Legislativo tuvo más entereza para asumir posiciones. Y el Gobierno, a pesar de las dificultades que tuvo, como las críticas en torno a la gobernabilidad o a la representación política, dio unas luchas muy fuertes y salió avante. La gran mayoría de los proyectos los logró salvar. El único que lamentablemente no pudo salir, pero porque empezó mal, fue el de la reforma a la justicia.
¿O sea que no se suma a las críticas que apuntan a una falta de liderazgo del presidente Duque en el Congreso? Dicen que no hubo la tradicional “luna de miel” entre el Ejecutivo y el Legislativo cuando recién se inicia un mandato…
Cambiaron las condiciones y las formas, pero el Gobierno sacó sus iniciativas. Lo que pasa es que no las puede sacar enteras. Por ejemplo, en la reforma política no le aceptamos las listas cerradas, y eso no quiere decir que haya habido una derrota, porque la reforma pasó. El ciudadano vio un Congreso más beligerante, a un presidente de la Cámara muy independiente, con la debida distancia hacia el Senado. La labor del presidente Duque en su liderazgo y en la actividad legislativa -a quien no le han hecho un balance real, sino de percepción- fue muy buena. Hay una forma distinta, pues lo que uno veía era un gobierno metido, influenciando de una manera que no era sana para la independencia del Congreso, pero a este Gobierno le ha ido muy bien.
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Pero fue crítico con la gestión de los ministros, a la ministra de Justicia la calificó de “negligente”…
Lo que hubo fue un malentendido, porque, ideológicamente, tenemos una percepción distinta sobre las formas en las que debemos modificar la justicia. ¿Qué fue lo que consideré negligente? Que presentó una reforma que sabía que iba mal, que no solucionaba los problemas graves de la justicia y la radicó a la carrera, porque el doctor Germán Vargas Lleras y Cambio Radical se le adelantaron radicando el proyecto. Por eso no estructuró una verdadera reforma, concertada, y que solucionara los problemas con todos los actores. Eso jamás lo hizo. Ahí es donde considero que fue negligente el Gobierno. Pero eso no quiere decir que estemos en oposición.
La ministra dijo que su partido, el Liberal, estaba presionando al Gobierno por cargos y, específicamente, por el Ministerio de Justicia…
Es que la ministra está despistada y no tiene experiencia suficiente en política. Por eso se le fueron las luces. Tuvo hasta el atrevimiento de hablar de una constituyente. Más irresponsable no pudo haber sido, pero los medios no se dieron cuenta; en cambio el doctor (Ernesto) Macías dijo eso mismo en Twitter y le cayó medio mundo encima. La ministra es desafortunada en lo que habla. De pronto, con el desparpajo con el que se expresa, no mira lo irresponsable de lo que dice.
A propósito de Ernesto Macías, ¿cómo siguen las relaciones entre ustedes? Tuvieron un fuerte cruce de cartas con lo del hundimiento de la reforma a la justicia…
Nosotros no tenemos una relación ni de amistad ni de “colegaje” y seguramente no la vamos a tener. Como presidente de la Cámara reclamo la independencia y la igualdad que tiene la Cámara con el Senado. No consideramos jefaturas de ningún tipo, porque la Constitución no la trae. Entonces, para mí Macías es solo un par y cada uno asume unas posiciones.
Pero él es el presidente del Congreso. ¿Cómo evalúa su gestión como líder de la bancada de Gobierno?
Somos muy distintos. A él la oposición lo acusa de no darle participación. A mí, que trato de darle la oportunidad de hablar. No quiere decir que, en ocasiones, no me reclame cuando tengo que someter los debates a votación y quiere seguir discutiendo. A veces me dicen los del Centro Democrático que soy muy demócrata. Trato de ser ecuánime con todos. A veces el Centro Democrático no se da cuenta de que es Gobierno, a veces asume posiciones como si fuera de oposición. Y a veces otros partidos que se encuentran en independencia terminan acompañando proyectos con más decisión que el propio Gobierno. El país está viendo discusiones reales en el Congreso, y eso es sano para Colombia. Hemos hecho valer la independencia que el presidente Duque dice que le va a respetar al Legislativo, aunque a veces no lo hace, se le olvida en lo que manifiesta.
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¿Por qué dice que a veces no respeta la independencia del Congreso?
Porque a veces se molesta cuando algo no le sale. Entonces salen (los del Gobierno) a decir que somos de oposición, pero simplemente es que no estuvimos de acuerdo. Esa es la independencia.
En todo caso el Gobierno quiere buscar una coalición mayor, y para eso ha convocado un encuentro político en enero. ¿Qué debería hacer el Partido Liberal?
A mí, particularmente, me ha gustado mucho la orilla donde quedó el Partido Liberal, que es en la independencia, pero al presidente Duque no se le puede olvidar que en segunda vuelta casi todos los partidos terminamos acompañándolo. Así no haya coalición, el Congreso ha funcionado. Lo que debe existir, más allá de la coalición, es un acuerdo sobre lo fundamental. Ahora, si el presidente quiere que quienes lo acompañaron en las elecciones trabajen con él de la mano, con unos representantes, es su decisión.
Desde su punto de vista, ¿qué debe mejorar en la relación entre el Gobierno y el Congreso?
El congresista tiene que hacer gestión para sus regiones y un ministro puede perfectamente entender esa situación. Lo que pasa es que al Gobierno de Duque llegaron muchos técnicos y no conocen la cosa pública, ni siquiera conocen muchas de las regiones de este país. El país está esperando que el presidente asuma si cometió algún error en la designación de algunos ministros y que tome decisiones al respecto. El país lo que espera de un gobernante es que tenga el carácter de asumir las riendas del Estado, y uno de esos principios esenciales es reconocer cuando cometió un error, dar un timonazo y cambiar a quienes no estén funcionando.
¿Cuál es su prioridad para 2019?
Ayudar al Gobierno, como le corresponde a cualquier político. Acompañarlo en lo que le conviene al país, a sacar las iniciativas que le sirven a Colombia. Pero al tiempo guardar la independencia, la fortaleza y el carácter.