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Más allá de los asuntos judiciales, el anuncio de la fiscal general, Vivianne Morales, de que imputará cargos y solicitará la medida de aseguramiento contra el exministro de Agricultura, Andres Felipe Arias, por suscribir contratos sin cumplir los requisitos legales y peculado a favor de terceros, dentro del escándalo de Agro Ingreso Seguro (AIS), es de esperar consecuencias también en el terreno de lo político.
Para nadie es un secreto que hace poco más de un año, Arias era visto como una de las figuras más prometedoras dentro de su partido, el Conservador, y del propio uribismo. Aunque perdió con Noemí Sanín, el millón 85 mil votos que sacó en la consulta interna de la colectividad azul para escoger candidato a la Presidencia de la República, en marzo de 2010, implicaron para él un importante posicionamiento de cara al futuro.
Como el más uribista de todos los uribistas, durante el tiempo que estuvo al frente del Ministerio, Arias se convirtió en una de las ‘estrellas’ del Ejecutivo y en defensor acérrimo de las políticas del presidente Álvaro Uribe, hasta el punto que admiradores y detractores comenzaron a llamarlo “uribito”, algo que él consideraba un honor y un orgullo.
Incluso en sus múltiples cruzadas pro-uribistas, muchas veces se vio envuelto en duras polémicas, como cuando recorrió los municipios de Pradera y Florida, en el Valle del Cauca, con una camiseta estampada que decía “No al despeje”, en oposición a la posibilidad de que en dicha región se llevara a cabo un proceso de intercambio de prisioneros de las Farc presos en las cárceles colombianas y miembros de la Fuerza Pública secuestrados por esa guerrilla.
Fue tal su ascenso, que Andrés Felipe Arias no dudó un segundo en renunciar a su cargo, en febrero de 2009, para buscar la candidatura a la Presidencia por el conservatismo. “Voy a comenzar la segunda generación de la Seguridad Democrática (…) tendré la firmeza en la batalla contra el terrorismo, pero con las puertas abiertas a un proceso de paz, siempre y cuando sea sin engaños y sin despejes”, dijo en ese momento.
Hoy, con el sol a sus espaldas, quien emergía como la persona señalada a izar las banderas en la época post-uribista enfrenta líos judiciales que pueden significar el fin de su carrera política. “Debemos acatar las decisiones de la justicia y esperamos que las cosas salgan bien para él y se respete la presunción de inocencia de los funcionarios públicos”, ha dicho el senador Efraín Cepeda, del Partido Conservador, donde saben que han perdido una ficha que podría haber sido clave en futuras batallas electorales.
Pero si los azules pierden, la decisión de la Fiscalía contra Arias representa también un duro golpe para el expresidente Uribe, por estos días lanzando dardos a diestra y siniestra, previo a su versión libre ante la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes por otro escándalo, el de las ‘chuzadas’ ilegales del DAS.
Precisamente el pasado fin de semana, en entrevista para el diario La Tarde de Pereira, el exmandatario aseguró que el gobierno Santos quería graduar a su mandato de corrupto, pronunciamiento que fue respondido por el ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, quien dijo que de ninguna manera se estaba señalando a nadie “y mucho menos al presidente Uribe en particular”.
Pero ahora, la postura de la Fiscalía contra Arias le da argumentos a los anti-uribistas para arreciar en sus críticas, en momentos en que el expresidente se encuentra recorriendo el país en sus “talleres democráticos”, buscando impulsar candidatos de sus afectos para las elecciones de autoridades locales y departamentales de octubre próximo. Y desde ya, hay candidatos que creen, en voz baja, que el guiño de Uribe más que sumar podría restar.
En declaraciones recientes, el mismo Uribe había advertido de la posibilidad de que el exministro fuera a la cárcel: “Así como he defendido la honorabilidad de quienes están en la cárcel, defiendo la honorabilidad de Arias”, dijo. Lo cierto es que más allá de lo judicial, el uribismo pareciera caminar rumbo a una verdadera hecatombe producto de los múltiples escándalos de funcionarios del gobierno anterior, así las encuestas muestren que el teflón del expresidente siga siendo de larga duración. Pero una cosa es Uribe y otra quienes lo rodearon en su mandato.