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Aunque el regreso del expresidente Álvaro Uribe Vélez a la arena política generó un remezón en el panorama electoral, también ha quedado claro que el apoyo de la coalición con la que gobernó durante ocho años, compuesta por los partidos Conservador y de la U, no es tan incondicional como en el pasado. Así se ha evidenciado luego de que el exmandatario anunciara el inicio de los talleres democráticos a lo largo del país para la construcción de una plataforma ideológica, planteamiento al que los dirigentes de estas colectividades han preferido hacerle el quite.
Si bien en el interior de estos partidos reconocen la capacidad electoral de Uribe y mantienen las declaraciones de respaldo, agradecimiento y apoyo al exmandatario, ninguna de las colectividades se ha comprometido con la propuesta de los talleres democráticos e incluso han planteado su independencia frente a la entrega de avales y planteamiento de la estrategia política y electoral.
El presidente del Partido Conservador, José Darío Salazar, aunque celebró el regreso de Uribe a la política, frente a los talleres democráticos hizo claridad en que “el partido está programando sus talleres y maneja su propia agenda”. Sin embargo, anunció su intención de reunirse con Uribe. Este planteamiento fue respaldado por el senador Hernán Andrade, quien reconoció la importancia política del exmandatario en el panorama electoral, pero dijo que “primero se resuelven los problemas de la casa”.
En el Partido de la U la situación es similar. Su presidente, Juan Lozano, ampliamente reconocido por su respaldo incondicional a Uribe, ha preferido desmarcarse de la imagen del exmandatario y aunque acepta su liderazgo en la colectividad, manifestó que “los talleres democráticos no son el camino institucional del Partido, porque los avales y todo el proceso de orientación electoral tienen que surtirse dentro de los conductos institucionales”.
Frente a la distancia que se ha generado con la propuesta de Uribe, congresistas de las dos colectividades han reconocido, sin hacer público su planteamiento, que aunque el exmandatario puede ser fundamental en materia de respaldo de los ciudadanos en las urnas, tal como ocurrió cuando apoyó al presidente Juan Manuel Santos, apegarse a su imagen podría leerse como un desplante a Santos y, en la actualidad, él es quien cuenta con el presupuesto y la burocracia con la cual se maneja la dinámica política del país.
La situación es tan compleja para Uribe que hasta el Partido Verde se le atravesó en sus planes. Todo estaba muy calculado hasta cuando se pensaba que el candidato para la Alcaldía del Partido Verde sería Enrique Peñalosa. Uribe estaba impulsando el respaldo al exalcalde e incluso el director de la U, Juan Lozano, lo veía como la opción para la ciudad, pese a que algunos congresistas no lo compartan.
No obstante, el hecho de que Antanas Mockus no haya descartado aspirar a la Alcaldía de Bogotá implica que dicha colectividad se someta a una consulta interna que defina entre Mockus y Peñalosa. Los uribistas que a apoyan a Peñalosa no están dispuestos a esperar hasta julio para hacer la campaña y no sólo eso: temen que en dicha contienda Mockus resulte vencedor y en consecuencia la espera haya sido en vano.
Sin Peñalosa en el camino, los legisladores le insistieron a Uribe que aspirara a la Alcaldía, pero él asegura que no será candidato. La tarea ahora es encontrar un candidato electoralmente fuerte que tenga el sello de la U. El senador Juan Lozano dice que no será él. Claro que al parecer, todavía ningún nombre de los que suenan convence lo suficiente: el exministro Óscar Iván Zuluaga, el concejal Hipólito Moreno, el presidente del Fondo Nacional del Ahorro, Hernando Carvalho.