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“Defender la institucionalidad”: el juego discursivo para respaldar a Carlos Holmes Trujillo

Aunque varios partidos han replicado esta frase para rodear la gestión del ministro de Defensa, según académicos, ese discurso manda un mensaje sesgado de “respeto” al Estado.

El ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo en el debate de moción de censura en la Cámara de Representantes.
Carlos Holmes Trujillo, ministro de Defensa, asistió presencialmente a la moción de censura convocada por la oposición, acompañado de la cúpula militar.
Foto: Cortesía

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Este miércoles la Cámara de Representantes discute un tema pendiente: la moción de censura a Carlos Holmes Trujillo, ministro de Defensa. La oposición, citante del debate, pide su salida del cargo porque considera más que reprochable el abuso policial desatado en la protesta social de los últimos dos años, el comportamiento de soldados, como el que asesinó a Juliana Giraldo en Miranda, Cauca, e insuficiente el perdón que brindó el ministro Trujillo a las víctimas muertas a manos de uniformados en las protestas de septiembre, luego de que un fallo de la Corte Suprema de Justicia se lo ordenara.

(Lea: Así está el ambiente en Cámara para la moción de censura al ministro Carlos Holmes Trujillo)

Aunque la votación para definir su futuro como ministro de Defensa está programada para el próximo 13 de octubre (día en que el Senado realiza su moción de censura a Trujillo), desde ya las cuentas están casi que cantadas a su favor. Su partido, el Centro Democrático, la U, y los conservadores anunciaron el respaldo al funcionario y varios representantes de Cambio Radical también lo acompañan. De hecho, la oposición ha manifestado que es consciente de que esta moción es más un acto simbólico para que la opinión pública tenga más presente lo que se le endilga a su gestión que una posibilidad real de removerlo de su puesto.

No obstante, más allá de cómo quedará inclinada la balanza en la votación, hay un asunto que ha llamado la atención en este capítulo de la vida política: las frases para defender la gestión de Trujillo. Los partidos que lo favorecen han repetido una misma premisa: defender al ministro de Defensa es defender la institucionalidad, es decir, el Estado. “El Partido Conservador, defensor firme de las instituciones, el orden y la seguridad, respaldará sin vacilación al ministro y con ello le dirá al país que está al pie de las decisiones gubernamentales”, expresó esa colectividad.

Lo mismo dijo César Lorduy, representante de Cambio Radical, quien reiteró que se “debe respetar la institucionalidad”, lo que implica que Trujillo siga como jefe de la Defensa. Y aunque el Partido de la U expresó que se debe hacer una “revisión profunda” de los procedimientos y protocolos de la Policía Nacional y su actuar en la protesta social, algunos de sus parlamentarios apoyan la tesis que estar a favor del ministro es “estar a favor de la institucionalidad”, como le dijeron a este diario Christian Moreno y Erasmo Zuleta, miembros de la U.

¿Qué significa una idea que se ha repetido en boca de tantos legisladores para negar la moción contra este funcionario? Para varios académicos consultados por El Espectador, hace parte de una estrategia política apoyada en el juego discursivo, y que se replica en los escenarios de otros países.

Harold Salinas, profesor universitario en áreas del lenguaje y la comunicación, aclaró el uso de estas herramientas no distingue orilla política. «Los políticos siempre van a hablar en nombre de la institucionalidad porque no hacerlo implicaría reconocer que sus acciones son ilegítimas. No reconocer que se actúa dentro de ese término significaría entrar perdiendo al debate”, dijo. Además de eso, explicó que la expresión tan usada en este caso hace parte de un conjunto de palabras cuya definición está poco delimitada y por tanto sirven de “comodín” para justificar decisiones y posiciones políticas.

“No importa el país ni la orientación ideológica, las actuaciones de los gobiernos, en términos de discurso político, tienen que ver con mantener unos conceptos y en no definirlos completamente. Algo que tiene mayor efectividad mientras más ‘opacos’ sean los términos utilizados en la narrativa”, comentó Salinas. Para ello dio un ejemplo: “El gobierno Bush, para interceptar comunicaciones personales, argumentaba que lo hacía por seguridad nacional, no por vigilancia. Ahora, no explican puntualmente qué es seguridad nacional porque justamente el empleo de ese concepto, u otros como institucionalidad y democracia, usados en el escenario de Carlos Holmes Trujillo, depende precisamente de que su definición no sea tan clara”, ilustró.

En ese sentido, según la lectura del docente, delimitar estos conceptos detiene el beneficio que desde la política se les puede sacar, porque no servirían luego para justificar algunos hechos. “Los políticos pueden explicar cualquier acción bajo esa etiqueta de la institucionalidad”, manifestó Salinas. A la luz de la opinión pública, de los contradictores (como es la oposición en el tema del ministro de Defensa) y hasta de los estamentos internacionales, la figura de Carlos Holmes Trujillo aparece blindada de cualquier tipo de señalamiento de desacato en su cartera, gracias a un concepto opaco. Es decir, cualquier presunta falta se cobijaría en una defensa a las instituciones.

(Lea también: Partido Conservador apoyará a mindefensa en votación de moción de censura)

Ahora, según Ximena Tabares, docente que adelanta una tesis doctoral en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre discurso político en Colombia, añade que esa relación entre la defensa de Trujillo en la moción de censura y la protección a la institucionalidad habla de unos valores que impulsa cada sector político y que son sus bases.

“En Colombia esto está muy marcado en los partidos. Los más conservadores, como es el propio Partido Conservador, el Centro Democrático y otras colectividades, se basan en la defensa de la democracia y la institución, pero tienen una perspectiva de esos términos en la que plantean que Colombia tiene unas instituciones sólidas que funcionan perfectamente. Esa postura es la que enmarca la defensa de un personaje como el ministro. Desde otra perspectiva de democracia, más centrada en el respeto de los derechos humanos, de construir una vida política participativa y plural, que no esté en contra de la protesta social, no tiene ningún sentido lo que hace Carlos Holmes Trujillo”, aseguró. Es decir, la continuación de un enfrentamiento sobre dos formas de país, de lo que es importante desde cada visión y que aterriza, esta vez, en la intención de remover o mantener en el cargo a Trujillo.

A esos elementos se suma otro: la eliminación de las barreras entre lo público y lo privado. Se evidenció en el comunicado del Centro Democrático, acompañando al ministro: “Es un hombre íntegro, decente, honesto”, entre otros halagos hechos a Trujillo. En esa declaración se usan los aspectos positivos del funcionario como persona para argumentar que es idóneo en su trabajo. “Esto pasa también con los candidatos. Los mejores no son los que tengan un mejor programa, sino los que tengan más cualidades en la vida personal”, puntualizó. Una maniobra que funciona en el marketing político, pero que no garantiza un excelente trabajo en el ejercicio público.

“Entonces, el ministro es un garante de la institucionalidad porque es una buena persona y un buen ser humano. Eso blinda su gestión: es digno de confianza porque dirige bien la cartera de Defensa, y es lo que se espera de él porque hace parte de la institucionalidad. Respetan la institucionalidad y por ende se respeta el trabajo del ministro”, resaltó Salinas. Sería, en pocas palabras, el círculo vicioso en el que se fundamenta la lógica de no criticar su gestión. No obstante, este razonamiento repercute claramente en la discusión tanto en el Congreso como en los ciudadanos de a pie, que lo replican.

“En medio de un clima polarizado, donde el ataque se da a través de la palabra y la desacreditación, queda poco espacio para debatir. Hay halagos, señalamientos y descalificaciones, pero estos dejan poco espacio para los argumentos. Si eso pasa en la esfera política, donde se espera una altura en la discusión, qué se puede esperar en las conversaciones de la gente del común, donde estamos el resto de colombianos. Terminamos replicando las mismas posturas, cortando el mundo a su medida y sin dejar hablar al otro, sin escuchar. Esa es la consecuencia, algo que termina minando en la credibilidad de las instituciones”, dijo.

La docente Tabares concluyó que las consecuencias en las que deriva esa dinámica es que el debate será “infinito”, porque no hay puntos en común en las visiones de la gestión de Trujillo. Aunque la diversidad de posturas hace rica a la democracia, si sigue a futuro ese enfrascamiento en la discusión, “se terminará lastimando aún más la democracia colombiana, que ya está bastante averiada”, finalizó.

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