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El poder político de Dios

El presidente Uribe revivió el debate al decir que la reelección está en manos de la Corte, el pueblo y el Ser Supremo.

09 de enero de 2010 – 04:00 p. m.

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Aunque a partir de 1991, Colombia constitucionalmente es un país laico, en el que están separadas las funciones entre el Estado y las confesiones religiosas, en la práctica, en materia política, la situación es diferente. Recientes declaraciones del presidente Álvaro Uribe Vélez lo ha dejado bastante claro.

La reelección “dependerá de la Corte Constitucional, del pueblo y de Dios, nuestro Señor”, manifestó el Primer Mandatario en una entrevista que otorgó el pasado 5 de enero a La Voz de Montería.

Pero esta no es la primera invocación divina que realiza Uribe al hablar sobre el futuro de su reelección. El pasado 19 de octubre, en una rueda de prensa que brindó tras un encuentro presidencial con su homólogo brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, en São Paulo, se  refirió al asunto de su tercer período. “Eso depende en este momento básicamente de tres elementos: de la Corte Constitucional, del pueblo colombiano que, de acuerdo con la Constitución, tiene que concurrir a las urnas mínimo en 25% del total del electorado. Y también depende de Dios”.

Tras ambas declaraciones se desató en el país una escalada de opiniones desde todas las vertientes políticas, que volvieron a demostrar la importancia que sigue teniendo el concepto de Dios, en un país de tradición católica (ver Las invocaciones de Dios en las constituciones…), y donde, según la misma Conferencia Episcopal, el 90% de la población profesa esta religión.

Precisamente para monseñor Juan Vicente Córdoba, secretario general de la Conferencia Episcopal, las declaraciones de Álvaro Uribe deben analizarse desde el punto de vista personal. “Un Presidente puede ser judío o musulmán y como persona puede invocar a Yavé o al dios que quiera, pero no como Jefe de Estado. Puede ser una posición como persona, pero no es un acto de gobierno”.

Para dirigentes políticos, como el senador Héctor Helí Rojas, del Partido Liberal, las constantes invocaciones de Dios forman parte de una estrategia electoral del mandatario, pues sus actos religiosos no se circunscriben al catolicismo. “Lo de Uribe es ambiguo, porque lo vemos que va a rezar a la Capilla con monseñor (Pedro) Rubiano, luego en otras como con Claudia Rodríguez de Castellanos y hasta se deja bautizar. Además, se mete a ritos según la conveniencia electoral”.

Voceros de organizaciones políticas cristianas, como Alexandra Moreno Piraquive, del MIRA, quien pertenece a la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, no le brindan trascendencia al pronunciamiento del mandatario, pues considera que lo hace más por una muletilla. Mientras que el también senador cristiano Víctor Velásquez opina que en todas sus actuaciones Uribe Vélez está cumpliendo con la Constitución.

En un sentido diferente se expresa el analista Fernando Giraldo, para quien todo se trata de una táctica. “Eso tiene mucho que ver con una estrategia en sus discursos. Él trata de colocarse sobre un soporte religioso, buscando dar legitimidad a una postura que tiene suficientes cuestionamientos en algunos sectores de la opinión pública nacional e internacional invocando la fe de los colombianos”.

La realidad es que Uribe no ha sido el único Presidente que ha invocado a Dios, después de la Constitución de 1991, pues otros también se refirieron a un Ser Supremo en sus actuaciones, pero  el actual mandatario sí es quien le ha dado un tinte más religioso a su administración lo que se refleja también en funcionarios como el ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, quien constantemente hace alusiones a la Virgen María, o el secretario de prensa de la Presidencia, César Mauricio Velásquez, quien pertenece al Opus Dei.

Lo cierto es que en un año de trascendentales decisiones políticas, invocar a Dios en la definición de un tema como el referendo, es una actitud similar a la de algunos jugadores de fútbol, que se encomiendan al  Ser Supremo para que las conceda  el campeonato, cuando la realidad es que ni en la política ni el deporte el Todopoderoso tiene injerencia, pues al final todo se  reduce a un asunto meramente humano. Dios no tiene equipo.

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