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La decisión del Polo Democrático, de advertirle al Partido Comunista —una de las vertientes que lo integran— que de mantener su apoyo al naciente proyecto conocido como Marcha Patriótica serían expulsados de la colectividad, se ha convertido en el último episodio de la historia de lo que nació como el gran proyecto de coalición de la izquierda política de país y que poco a poco, a causa de las confrontaciones y luchas internas por el poder, camina hacia el fracaso.
Para la presidenta del Polo, Clara López Obregón, no se puede hacer una lectura superficial de los hechos y “lo que está sucediendo responde a un debate interno en el cual el Comité Ejecutivo del Partido tomó la decisión de no formar parte de la Marcha Patriótica. Por el contrario, el Partido Comunista se dedicó a ayudar a la construcción de ese movimiento desde el interior del Polo, generando una enorme presión. Es claro: el Polo fue la expresión de unidad de la izquierda en Colombia, pero quien la rompe no es el que reacciona, sino quien se va a construir un proyecto político por fuera”.
Pese a esta lectura, en el sentido de que todo no va más allá de normales discusiones internas, la crisis es evidente y el panorama actual del Polo Democrático dista mucho del partido que logró ocupar en dos ocasiones el segundo cargo más importante del país —la Alcaldía de Bogotá— y obtuvo más de 2,5 millones de votos para la Presidencia de la República, cuando el exmagistrado Carlos Gaviria se convirtió en la segunda votación de 2006, detrás del entonces reelegido Álvaro Uribe.
¿Pero qué condujo a la crisis? Para los exmilitantes de la misma colectividad, el punto de quiebre que desencadenó el mal momento que se atraviesa se dio en febrero de 2009, en el Segundo Congreso Nacional, donde se desequilibraron las fuerzas entre las diferentes vertientes que la integraban. “En ese momento se configuraron las mayorías del Moir, el Partido Comunista, los anapistas de los hermanos Moreno Rojas y el sector de Jaime Dussán. Ahí se abandonó el consenso”, dice el senador Luis Carlos Avellaneda, hoy en la línea de los Progresistas.
Y fue precisamente desde ese momento que se empezó a dar la salida de importantes dirigentes, el primero de ellos el exaldalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, quien llegó a advertir que el sectarismo que se había apropiado del Polo acabaría con el proyecto político que él había ayudado a fundar y señaló que se habían convertido en una fuerza política que se opone a todo. Incluso en su momento los calificó como “los contras”.
Después, las diferencias se dieron con el sector que encabezaba el ahora alcalde de Bogotá Gustavo Petro, quien dijo también que del Polo se habían apropiado los sectores de la Anapo de los hermanos Moreno Rojas y del Moir de Jorge Enrique Robledo. Con la salida de Petro se dio la gran fractura en la bancada en el Senado y Avellaneda, Jorge Eliécer Guevara y Camilo Romero se unieron a Progresistas, el naciente proyecto político de Petro.
Ahora, en la coyuntura de Marcha Patriótica, podría darse la salida de otros dos parlamentarios: Gloria Inés Ramírez y Hernando Hernández Tapasco, además de unos 70 miembros del Partido Comunista que militan en la actualidad en el Polo. Sin embargo, López Obregón mantiene la decisión y afirma que “no podemos permitir que personas que no estén en el Partido lo usen como base política y después pretendan entrar a dividir como nos sucedió con los Progresitas”. Frente al futuro de la izquierda, considera que aunque nadie lo crea, se dará una reagrupación.
Por su parte, el representante a la Cámara Iván Cepeda —quien se mantiene en las filas del Polo— se mostró contrario a la postura asumida por la actual dirigencia del Partido. “Deploro que mientras gran parte de la sociedad colombiana espera unidad de toda la izquierda, se haya producido la decisión de excluir al Partido Comunista. El Polo Democrático debe seguir siendo fiel a los principios y a las ideas que motivaron su nacimiento”, enfatizó.
A su vez, Avellaneda lamentó que los sectores de izquierda no se hubieran podido mantener en unidad: “Lo siento porque el Polo fue una esperanza para poder desarrollar los postulados libertarios de la Constitución de 1991 y el fracaso se lo atribuyo al dogmatismo, al sectarismo y al canibalismo que se apropió de la colectividad”.
Al margen de las posiciones encontradas, es un hecho que el Polo Democrático enfrenta la peor crisis desde su nacimiento, generada por las diferencias internas y, en buena medida, por los hechos de corrupción que se presentaron durante la alcaldía de Samuel Moreno. Lo que resulta más preocupante para el ahora incierto futuro de la colectividad es que su caída contrasta con el crecimiento del naciente movimiento Marcha Patriótica.