Publicidad

Elecciones 2022: la claridad sí importa

El expresidente Virgilio Barco ayudó a clarificar la política con el esquema Gobierno-oposición. Hoy, en cambio, la campaña es más confusa que nunca.

El esquema de Barco propone que quienes no ganen las elecciones vayan a la oposición con garantías. / Archivo
El esquema de Barco propone que quienes no ganen las elecciones vayan a la oposición con garantías. / Archivo
Foto: El Espectador

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El expresidente Virgilio Barco ha sido recordado en los últimos días a raíz del centenario de su nacimiento. Se ha hablado de su legado y de su obra. Y en momentos en que avanza una nueva campaña electoral, vale la pena volver a recordar su aporte a la democracia con la implantación del llamado esquema Gobierno-oposición. Una apertura política que les puso fin a los gobiernos compartidos entre los partidos tradicionales que se comportaban, en el ejercicio del poder, como si fueran uno solo.

Fue una reforma importante. Que gobierne quien gana y que quienes no son favorecidos por los electores vayan a la oposición con garantías es una regla fundamental de cualquier democracia. Una práctica que permite la convivencia de ideas distintas y se basa en la existencia de partidos con credos diferentes. En Colombia, si se compara el momento actual con los años ochenta -Barco fue elegido en 1986- ha habido avances. Hay más pluralismo y opciones múltiples.

En la Constituyente, e incluso en reformas posteriores, se han adoptado figuras que han abierto nuevos espacios políticos. Lo que inició Barco se ha consolidado con principios y liderazgos que se reforzaron con reformas posteriores para consolidar la coexistencia entre fuerzas políticas que gobiernan y otras que hacen oposición. ¿Para qué? Para moderar las decisiones de quienes ostentan el poder y para prepararse para ser gobierno en el futuro. Así han funcionado -y así funcionan- las democracias más avanzadas.

En medio de las múltiples limitaciones que tiene el sistema político en Colombia, ha habido una evolución positiva en cuanto a la apertura de espacios para nuevas fuerzas. La oferta electoral, hoy, es más amplia y diversa. En cambio asumir que no hay diferencias y que todo el mundo piensa igual pone en tela de juicio la democracia. Que es, precisamente, un sistema para asegurar las garantías para distintas formas de pensamiento. No hay democracia cuando se asume que todos los ciudadanos piensan lo mismo. O que deben hacerlo.

La reflexión es válida en momentos en que se aproxima un año electoral que tiene todas las perspectivas de ser tenso y difícil. La pandemia, la desaceleración de la economía, el desempleo alto y el desprestigio del Gobierno generan un panorama convulsionado. Una opinión pública crítica que seguramente buscará opciones que se identifican con un nuevo rumbo. La bandera de cambio vuelve a ser rentable.

Llama la atención, en un escenario así, la preferencia de la mayoría de los candidatos por el centro. Todo el mundo se define de esa posición. Hasta el Centro Democrático, que es una fuerza claramente de derecha. Pero en la Colombia de hoy no se valoran la claridad y la consistencia. Los candidatos prefieren ropajes que los disfracen de posiciones tibias que no generan rechazo. Y que se pueden cambiar en la siguiente elección. Los candidatos que se califican como de centro, más que un discurso coincidente, buscan eludir asuntos espinosos.

La gran diferencia la hace Gustavo Petro, quien asume un discurso más claro, enfático y menos matizado. Los demás desfilan por todos los partidos, sin preocuparse demasiado por la coherencia. Si algo caracteriza al actual grupo de aspirantes a la Presidencia es que no están preocupados por construir una identidad ideológica. Con algunas posturas excepcionales: Galán, con su propuesta de legalizar algunas drogas, o Alejandro Gaviria, con posiciones heterodoxas y mentalidad creativa. Pero la falta de posiciones es tal, que caben alianzas de todo tipo, como la de los tres exalcaldes -Peñalosa, Gaviria y Char- de partidos distintos y discursos disímiles, pero que fueron mandatarios de sus ciudades al mismo tiempo. Eso es lo que los acerca. ¿Es esa una base legítima -y conveniente- para una alianza? ¿Será que hay elementos comunes por el solo hecho de haber gobernado sus ciudades al mismo tiempo? ¿O porque se autodenominan de centro?

La campaña electoral, en fin, cada día está más confusa. Los aspirantes cambian de partidos y de alianzas, como si todos significaran lo mismo. El número de candidatos crece cada semana. Y el tiempo pasa. Según las encuestas, es probable que habrá una segunda vuelta y Gustavo Petro es el único que tiene un cupo prácticamente asegurado en ella. Lo que en la práctica significa que el enorme grupo de aspirantes lo que se está disputando, en realidad, es el cupo del otro finalista. Pero el panorama es muy confuso. La lista es excesivamente larga,

el debate está confuso y los temas aún no han surgido.

Y, como enseñó Virgilio Barco con su esquema Gobierno-oposición, la experiencia demuestra que la claridad, en política, sí importa.

* Periodista y excanciller.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido